Dolores Ibarruri

Pasionaria

Son innumerables los textos y versiones que han analizado a esta fascinante mujer que, en palabras de Antonia Rodrigo, fue las más querida, más popular, más odiada y más mitificada del siglo XX. Según la misma autora, su deseo más ferviente era vivir y morir en Euskadi, así que vamos a dar protagonismo a aquellos años en los que Dolores pudo cumplir su deseo en la cuenca minera del gran Bilbao. Pretendemos así brindar un homenaje a la niña, a la joven, a la esposa, a la madre, a la mujer sin la cual la gran figura de Pasionaria nunca hubiera existido; y a la cuenca minera del gran Bilbao, sin la cual tampoco el luminoso y turístico Bilbao actual existiría. Nos preguntamos en qué medida ese oscuro gran Bilbao minero determinó la figura de Pasionaria y en qué medida ésta determinó la lucha minera y de las mujeres y, por ende, el mundo de Bilbao tal y como hoy lo conocemos. Al fin y al cabo, como afirma Andrés Sorel, la página siempre abierta del legado de Dolores Ibarruri, necesita nuevas, vivificantes, juveniles y generosas escrituras.

Pasionaria minera

Dolores Ibarruri vivió en su querida Euskadi sus primeros 35 años. Allí nació y creció la mujer minera y allí nació y creció la Pasionaria.

“Todos mis parientes, castellanos y vascos, fueron mineros. Mi abuelo materno murió en la mina, aplastado por un bloque de mineral. Mi madre trabajó en la mina hasta que se casó; mi padre desde los 18 años, en que dejó el ejército carlista al terminar la última guerra civil, hasta que murió a los sesenta y siete años. Mineros fueron mis hermanos y minero mi marido (…). Soy pues de pura cepa minera. Nieta, hija, mujer y hermana de mineros.”

Dolores Ibarruri, El único camino, 1976.

Dolores Ibarruri nació el 9 de diciembre de 1895 bajo el nombre de Isidora, pero para su madre Dolores Gómez, procedente de Soria, lo que decía el Registro Civil era un papel sin importancia por lo que decidió llamarla con su propio nombre. Su padre Antonio Ibarruri, apodado “el Artillero”, era un obrero con ideología carlista expósito en la anteiglesia de Ibarruri, lo que le da a Dolores el apellido. Aunque su apellido paterno suele hoy acentuarse en la segunda sílaba, como palabra esdrújula, los documentos más antiguos y la propia pronunciación de Dolores hacen creer que era palabra llana, por lo que es así como la utilizamos en este texto. Fue la octava de 11 niñxs de los cuales solo siete llegaron a adultxs en una familia minera de fuertes convicciones religiosas. Todo ello empapó el espíritu y el modo de ser de Dolores.

Nació en Gallarta, un pueblo de Bizkaia situado en aquellos montes de Triano que fueron conocidos como los montes hematites más maravillosos de Europa y, por tanto, estuvieron plagados de explotaciones mineras de hierro a cielo abierto desde la segunda mitad del siglo XIX. En ellas miles de personas autóctonas y otras procedentes de todos los rincones de la Península Ibérica trabajaron para que la industria del hierro y el acero fuera el emblema de la Revolución Industrial en Bilbao y Bizkaia durante los siglos XIX y principios del XX. Fueron años duros, en los que hombres, mujeres y niñxs trabajaron en condiciones extremas de precarización, vivieron hacinadxs en barracones o diminutas casas y las enfermedades y muertes estaban a la orden del día, de hecho, en algún momento la esperanza de vida fue de tan solo 18 años.

Ella misma nos describe esta infancia minera: “Acostumbradxs a una vida dura, no temíamos los riesgos. Corríamos por las plazas de las minas; montábamos en los vagones en marcha; nos deslizábamos por pendientes inverosímiles; nos colgábamos de los cables de los tranvías aéreos; atravesábamos los túneles; penetrábamos en las galerías de las minas; subíamos por el armazón de los puentes. Y esto, lo mismo los chicos que las chicas”. En 1899 empieza a acudir a la escuela que describe como “oscura, fría y húmeda”. Estaba construida sobre los calabozos en los que se hacinaban lxs minerxs rebeldes, y sus maestrxs exacerbaban la animadversión del alumnado por aquellas personas. Como explica: “Aquella vecindad, aquella casi promiscuidad de la cárcel y de la escuela, el primer paso en la vida del conocimiento social, nos hacía crueles, confundía nuestros sentimientos”.

La pésima calidad de vida y las desfavorables condiciones de trabajo facilitaron la creación de diversos movimientos sindicales, convirtiéndose toda la zona en un verdadero centro de lucha obrera, con huelgas a veces largas y sangrientas. Y así, el mundo minero, carlista y católico de Dolores se fue viendo sacudido por la llegada del socialismo. En Bilbao nació una de las primeras asociaciones españolas de la Internacional de Trabajadores, creada el año 1868 y el Partido Socialista existió desde 1879. Cuando Dolores tenía tres años se instituyó la Unión General de Trabajadores y cuando ya tenía nueve nacía la Juventud Socialista. Para principios de siglo, Gallarta tenía ya su Centro Obrero en donde se organizaban por gremios las personas trabajadoras y tenían una modesta biblioteca y hasta de un orfeón. Dolores pronto empezó a acudir a los mítines del partido carlista a los que les mandaba su padre y para 1905, a la edad de 10 años, presencia sus primeros mítines políticos en asambleas públicas de minerxs, donde despertaría y se empezaría a formar el talento oratorio de la futura Pasionaria.

Mientras, cumplía sus años en la escuela primaria despuntando como alumna, por lo que  su maestra, doña Antonia Izar de la Fuente, hizo todo lo posible para que prolongara sus estudios hasta la edad de 15 años. Así estuvo dos años preparándose para ingresar en la Escuela Normal y cumplir su sueño de ser maestra. Sin embargo, la penuria económica de la familia y los prejuicios de la época frustraron sus ilusiones y ante la imposibilidad de seguir estudiando se colocó en 1910 como aprendiza en el taller de una modista de su pueblo, donde estuvo dos años. Después de tres años trabajando como muchacha de servicio como ella misma relata “me casé con un minero a quien había conocido en la primera casa en que presté mis servicios”.

El minero se llamaba Julián Ruiz Gabina, natural de Somorrostro, en donde había entrado a trabajar en la minería “Franco- Belga” a la edad de diez años y había continuado trabajando en otras minas del mismo sector. A sus 25 años, sus actividades políticas y sindicales eran ampliamente conocidas por lo que Dolores recibió la oposición familiar para el enlace. A pesar de todo, en 1916 se casaron en la iglesia de Gallarta y se instalaron en Somorrostro, donde nació su primera hija (Esther) en el mismo año, rodeada de grandes carencias.

 

Mujer pasionaria

 

“En la iglesia del pueblo, la sepultura donde se rezaba a los muertos de mi familia estaba junto al altar de la Pasión. En unas hornacinas, elevándose sobre el nicho mortuorio, san Juan y la Dolorosa velaban el eterno sueño del Cristo, y en sus rostros pálidos y tristes se reflejaba más o menos artísticamente el dolor del drama del Calvario. En aquel altar se concentraba mi fe. La madre dolorosa y el hijo muerto me emocionaban hasta el llanto”

Dolores Ibarruri, El único camino, 1976

 

Aquellos años corría la Primera Guerra Mundial (1914- 1917) y aunque el Estado español no intervino en la contienda, las ventajas económicas de la neutralidad no se traducirían en mejoras sociales ni en democratización de la vida política. Dolores fue conociendo el marxismo por la  condición de líder minero socialista de su marido y su afición por la lectura (por ella misma sabemos que con el tiempo no habría ningún solo libro en la biblioteca de la Casa del Pueblo de Somorrostro que no hubiera leído). En 1917 se dio la revolución bolchevique que impresionó especialmente a Dolores y sustituyó su educación tradicionalista y católica por la doctrina marxista como una herramienta ideológica idónea para luchar a favor de la liberación de la clase obrera.

En agosto de 1917 se da la primera huelga general en el Estado Español y Dolores y su marido participaron muy activamente en las protestas de Asturias y País Vasco. Al terminar, su marido fue perseguido y decidió entregarse, decisión que Dolores no aprobó. Fue encarcelado durante meses y con su pequeña hija se instaló Dolores en Gallarta en una habitación alquilada, trabajando para subsistir. Ésta sería la primera de muchas ocasiones ya que, como ella misma cuenta, “desde el año 1917 hasta 1931 me tocó varias veces estar sola con mis hijos, pues en las diferentes redadas policíacas, por distintos motivos era detenido mi marido”. Dolores parió seis hijxs de los cuáles solo una moriría después que ella. Su primera hija Esther murió en 1919 y en 1921 nacía su hijo Rubén„ que moriría en 1944 combatiendo a los nazis en la famosa batalla de Stalingrado de la II Guerra Mundial. En 1923, en plena huelga minera, nacieron sus hijas trillizas: Azucena, Amagoya y Amaya. Amagoya murió poco tiempo después. “Con un cajón de conservas, un vecino hizo un pequeño féretro que mi marido llevó al hombro al cementerio”. Dos años después, en 1925, fallecía la trilliza Azucena y en 1928 nació Eva que solo sobreviviría dos meses. Es difícil imaginar el dolor de una madre ante tantas pérdidas. “Era angustioso para mí pasar cerca del cementerio donde estaban enterradas mis hijas. Se me arrancaba el alma y, sin embargo, debía pasar cada día para llevar la comida a mi marido a la mina. Estoy escribiendo y estoy llorando al evocar todo el dolor de nuestra vida”.

Además, Dolores empieza a llevar la existencia activa de la mujer de un preso social. “Una nueva detención de mi marido cuando apenas había comenzado a trabajar, me tenía rabiosa y desesperada. Apenas empezábamos a levantar cabeza cuando de nuevo comenzaban las privaciones, las carencias, los días negros. Sobre mí recaía el peso de la casa, de la familia, del reparto de periódicos, de la relación con los camaradas, de la atención a la cárcel”. Y así empezó Dolores a conocer la ayuda material de otrxs minerxs, a participar en la organización de esa ayuda para otrxs, a repartir propaganda impresa, a buscar escondites para las personas perseguidas, a salir del pueblo para la capital de provincia a parlamentar con autoridades y a encabezar acciones.

Y resultó que en esta vida encontró su vocación y su fe en la lucha contra la explotación y empezó a escribir lo que veía. Sus primeros artículos aparecieron en La lucha de clases y El minero vizcaíno en 1918, naciendo su célebre seudónimo de La Pasionaria. Con ella, según Manuel Vázquez Montalbán, “la rabia se hacía lenguaje y razón y toda la cuenca minera de Bizkaia empezó a preguntarse quién era Pasionaria, la firmante del artículo. Setenta años después aquella pregunta sigue necesitando respuesta”. Para él no existe otro motivo que explique su seudónimo que la publicación de su primer artículo en la semana de la Pasión, la Semana Santa. Otras versiones aluden a su reminiscencia anterior como devota, tal y como explican sus propias palabras que dan pie a este apartado y a la flor pasiflórea formada por una corola de filamentos purpurinos y blancos que forman un círculo como una corona de espinas. Como apunta Teresa Pamies, gracias a la aparición de este nombre en prensa y su elocuente prosa “ya tenemos el símbolo, la imaginación popular hizo el resto”.

Dolores militaba en la Agrupación Socialista de Somorrostro, que se adscribió al Partido Comunista en 1920 y fue elegida miembro del Comité Provincial por Bizkaia. En 1921, el partido pasó a ser el Partido Comunista de España (PCE) y en 1922 fue delegada al I Congreso del PCE y empezó a escribir en La bandera Roja, periódico comunista editado en Bilbao. Mientras la agudización de los problemas sociales conducían a la implantación de la dictadura militar del general Primo de Rivera (1924- 1930), Dolores siguió su ascenso en su carrera política y fue afianzándose en sus dotes de mando y organización. De 1925 a 1927, como delegada de la zona minera del PCE, asistió a reuniones locales y provinciales y ya en 1930, en la Conferencia Nacional del PCE, una reunión clandestina celebrada en Bilbao, que se denominó “Conferencia de Pamplona” con el objetivo de despistar a la policía, fue elegida miembro del Comité Central, lo que le forzó a abandonar su querida Euskadi.

 

La herencia de la Pasionaria minera

La herencia que dejó esta mujer minera en Dolores Ibarruri quedaría reflejada en los 54 años de vida política que le quedaban por delante y que le impidieron volver a Euskadi salvo en contadas ocasiones. Esta intensa vida política es ejercida como comunista pero también y sobre todo como mujer con las mujeres.

 

“Ser comunista no significa solamente defender en primer lugar los intereses de la clase obrera y del campesinado. Significa defender los derechos y los intereses de todos los trabajadores y las trabajadoras, de todas las víctimas de la opresión capitalista; significa luchar por los derechos  la igualdad social de la mujer y contra las trabas feudales y prejuicios peligrosos que han hecho de la mujer a través de los siglos no sólo la esclava de la sociedad, sino la esclava del egoísmo de los hombres”.

Dolores Ibarruri, discurso junio, 1947

 

El descrédito político de la Dictadura de Primo de Rivera engrosará la oposición que llevará el  14 de abril de 1931 a la proclamación de la Segunda República con el respaldo de una amplia franja social, que comprendía a capas trabajadoras asalariadas y capas medias progresistas. Dolores, que va a cumplir 36 años de edad, se traslada a Madrid como redactora del periódico del Partido, Mundo Obrero, y como secretaria del trabajo político entre las mujeres del Partido. Así fue afirmando su vocación política y encauzándola a través del periodismo de Partido y comienza para ella lo que denominó “el único camino”, su entrega al Partido Comunista.

En el IV Congreso del PCE, celebrado en Sevilla en 1932 es elegida miembra del Buró Político y en 1935 en el VII Congreso de la Internacional Comunista es elegida suplente del Comité Ejecutivo de la misma. En febrero de 1936 obtuvo el acta de diputada por Asturias por el Frente Popular (formado por las organizaciones políticas Izquierda Republicana, Partido Socialista y Partido Comunista) y empezó a participar en los debates parlamentarios como portavoz de la minoría comunista. En aquel parlamento, a diferencia del actual, las personas diputadas tenían derecho a hablar y pronunciar discursos y Pasionaria despuntó por su encendida oratoria -muy al estilo soviético- y por el apasionamiento de sus palabras. Pero no se limitó al debate parlamentario ni a las comisiones legislativas sino que siempre estaba presta a involucrarse personalmente en las luchas obreras y populares, liberando a los presos de la cárcel de Oviedo, encerrándose con los mineros en la mina Cadavío o ayudando a lxs vecinxs desahuciadxs de un suburbio madrileño a recuperar sus viviendas y devolver a su interior sus enseres desparramados por la vía pública.  

La República significó el más importante período de reformas y modernización hasta entonces registrado en el Estado español, pero su experiencia coincidió con la depresión económica provocada por la crisis financiera de 1929 en Estados Unidos que favoreció el crecimiento de los fascismos y el debilitamiento del movimiento obrero en algunos países, principalmente en Italia con Mussolini y en Alemania con Hitler. En el Estado español, esta tendencia quedó patente en la sublevación de las tropas de Marruecos en contra de la República, que rápidamente recibiría el apoyo de ambos gobiernos europeos y daría pie a la Guerra Civil Española. En ella, las organizaciones políticas integrantes del Frente Popular, las dos grandes centrales sindicales de clase y lxs nacionalistas catalanxs y vascxs se esforzarían en defender la República durante tres años, en un juego de fuerzas claramente desigual. Al conocerse la sublevación, Dolores se dirigió por radio al pueblo pidiendo su apoyo a la República y pronunció el que se convertiría en uno de los principales eslóganes para defender la República: No pasarán, que ha prevalecido hasta nuestros días en boca de los pueblos que luchan por su liberación. Durante la contienda multiplicó su labor propagandística dirigiéndose principalmente a las mujeres y a los soldados, visitó los frentes con asiduidad y protegió a personas católicas atacadas, dentro de la línea del partido de favorecer la restauración del orden republicano y el imperio de la ley. En 1937 devino vicepresidenta de las cortes de la República y empezó sus viajes de propaganda republicana, con los que obtuvo un gran éxito en su objetivo de reclutar el mayor número de voluntarixs para engrosar las milicias comunistas. Así empezó a hacerse conocida en el estado y en Europa y se fue convirtiendo en símbolo de las luchas del pueblo español y de la resistencia republicana, defendiendo hasta el último momento continuar la resistencia y no rendirse.

Con el fin de la Guerra Civil inicia su exilio en 1939, primero a Orán, Marsella y París, donde participó en las reuniones de la Diputación Permanente de las Cortes Republicanas en el exilio, ocupando su vicepresidencia. Al poco tiempo, se trasladó definitivamente a Moscú donde se incorpora al Secretariado de la Internacional Comunista y continúa alimentando el movimiento comunista internacional, con informes, reuniones burocráticas y con su labor propagandística gracias a la creación en 1941 de Radio España Independiente, bautizada como Estación Pirenaica. En 1942 fue nombrada Secretaria General del Partido Comunista de España, convirtiéndose en la primera mujer en el mundo que asumía la Secretaría General de un partido político no femenino. En 1960, a la edad de sesenta y cinco años presentó su dimisión como Secretaria general para ocupar el cargo de presidenta del partido. Manifestó su acuerdo con Moscú con ocasión de los diversos cismas dentro del movimiento comunista internacional pero en 1968 se atreve a condenar la invasión de Checoslovaquia por los rusos, acorde con su visión continuista, que ha sido considerada guiada por el sentido común más que por dictados o imperativos de una gran teoría.  Fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Moscú y se le concedió el Premio Internacional de la Paz en 1964 y la orden de Lenin en 1965.

Tras 38 años de exilio, volvió al Estado español el 13 de mayo de 1977 a pesar del miedo que suscitaba su presencia para la estabilidad de la Transición tras la muerte de Franco, muestra de las dimensiones fabulosas que había adquirido la figura de esta mujer de ochenta años. Su primera aparición pública fue precisamente en Bilbao días después ante treinta mil personas y al poco tiempo volvió a obtener el acta de diputada por Asturias para las Cortes democráticas. En 1978 participó como diputada en la aprobación de la Constitución y a sus 82 años fue elegida como diputada de las Cortes Constituyentes. En los últimos años de su vida siguió muy vinculada a la dirección del PCE y tras una larga vida de insubordinación, cumpliendo así otra de sus consignas “es mejor morir de pie que vivir arrodillada”, murió en Madrid el 12 de noviembre de 1989, dos días después de la caída del muro de Berlín.

En 2005 se celebró el XVII Congreso del PCE, donde Dolores Ibarruri fue elegida “Presidenta de Honor a Perpetuidad” y en Bilbao una calle lleva su nombre desde 1999 y un busto muestra su figura a la entrada del parque Amézola desde 2008.

 

Mujer con las mujeres

 

“El derecho al trabajo; la igualdad de salarios; la protección a la madre; la investigación de la paternidad; el divorcio, sin ninguna traba jurídica ni económica; el derecho al aborto; la creación de las casas- cuna, escuelas- jardines de la infancia, comedores y roperos escolares; la protección de trabajos insalubres y el derecho a ocupar cargos en lícita competencia con el hombre”

Dolores Ibarruri, revista Mujeres nº 3, 1936

 

Como constata Mª Carmen García Nieto, Dolores no hizo la revolución sola, ni sólo con los hombres, sino que desde el primer momento incorporó a las mujeres. Primero a las de clase obrera y capas populares, pero más tarde también a las de las clases media y de la burguesía, comunistas y socialistas, republicanas y católicas. Dolores rompió la división genérica de los roles y con ella muchas mujeres.

Empezó por Somorrostro, en donde las mujeres se movilizaban sobre todo cuando sus maridos estaban encarcelados y fueron adquiriendo cada vez una mayor iniciativa propia de movilización, como en 1927 en que realizan una marcha a Bilbao, cargadas con hijxs, comida y macutos de ropa para sus maridos presos y penetran en el Gobierno Civil. Continuó en la prensa, donde compartiría protagonismo con otras compañeras como Irene Falcón, Mª Luisa Carnelli, Ana Mª Martínez Sagi, Mª Luz Morales, Matilde Hici, Carlota O´Neill o Margarita Nelken. Según los datos de María José Capellin, Dolores escribió 185 escritos entre artículos, mítines y declaraciones, solo en el período entre 1918 y 1939. En ellos, además de la propaganda comunista que más fama le ha reportado también creaba en las mujeres conciencia de sus propios objetivos y de sus derechos a través de sus palabras, como las que presentan este apartado.  

Cuando abandonó Euskadi para desplazarse a Madrid tuvo la oportunidad de ser máxima representante del horizonte histórico hacia la democracia que abría la Segunda República para los sectores marginados como el obrero, el de lxs jóvenes y el de las mujeres, que por fin tenían la posibilidad de entrar en la vida pública y conseguir reformas y cambios reales. Para las mujeres se abría la posibilidad de participar en política (derecho al voto, campañas electorales, mítines, manifestaciones), la vida sindical, el jurado, la radio, la prensa, la publicidad, el deporte, la universidad e incluso la cárcel por delitos políticos. Todo ello posibilitó la participación de las mujeres no solo a nivel individual sino también colectivo, contribuyendo a la gestación de una conciencia feminista y del movimiento de mujeres en los que incidió de una forma muy especial la personalidad de Dolores.

En 1933 organizó la Comisión Femenina en el Partido Comunista y ante la llegada al poder de Hitler en Alemania organizó también el Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo en relación con el movimiento femenino mundial. Se trataba de una organización unitaria, interclasista y pluralista que aglutinaban a todo tipo de mujeres para luchar por la paz y la democracia amenazadas en el Estado español y en Europa. Dolores fue elegida presidenta efectiva, Catalina Salmerón como presidenta de honor y en el Comité Director se integraron las diputadas Victoria Kent, Clara Campoamor, las escritoras Isabel de Palencia, María Martínez Sierra y otras mujeres intelectuales. Al año siguiente encabezó la delegación española al Congreso Mundial de la misma organización que se celebró en París, y ese mismo verano presidió el primer Congreso Nacional en Madrid al que asistieron delegadas de todas las regiones y de todo tipo de profesiones, entre ellas obreras, campesinas, empleadas, escritoras, o pintoras.

A raíz de los sucesos de octubre de 1934, esta organización se declaró ilegal y se transformó en Organización Pro Infancia Obrera para llevar a cabo una actividad asistencial y política. Esta organización permitió a Dolores viajar por Asturias una vez sofocada la insurrección minera para organizar la acogida de cientos de criaturas que habían quedado en situaciones difíciles por los encarcelamientos de sus padres en familias de todo el Estado español. A pesar de haber orden de “caza y captura” contra ella,  como nos cuenta “organizamos la salida de varios centenares de niños, y cuando retornábamos a Oviedo comenzó la persecución de la policía y de la Guardia Civil contra nosotras”. En 1936, con el frente Popular se reorganiza el movimiento de mujeres de los antiguos Comités bajo el nombre de Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA) siempre bajo la presidencia de Dolores, que amplió sus horizontes al relacionarse con mujeres de otros países y volvió a traer a Madrid a doscientas criaturas más. En sus palabras, “llevamos a los pequeños al local de la Federación Tabaquera y fuimos entregándolos a las familias que los habían solicitado. Al terminar la distribución, la policía, que estaba esperándome a la puerta me detuvo, conduciéndome a la Dirección General de Seguridad, donde los agentes me trataron groseramente”. De hecho, en 1936 fue detenida cinco veces en diferentes cárceles de Madrid y Bilbao, donde al no haber un régimen especial para presas políticas compartió con presas comunes, en su mayoría prostitutas, mujeres que habían abortado, rateras o parricidas, con la que luchó para mejorar las condiciones de sanidad y alimentación y la explotación laboral a las que estaban sometidas. Sería predecesora de tantas mujeres que llenarían las cárceles franquistas a partir de 1939 por luchar como ella por la justicia y la libertad, ante la represión y el freno de la conciencia feminista que protagonizaría el régimen dictatorial durante cuarenta años.

 

Durante su exilio (1939- 1977), impulsó la Unión de Mujeres Antifascistas y fue nombrada Vicepresidenta de la Federación Democrática Internacional de Mujeres en 1945. Años después apoyó y promovió la lucha de las mujeres antifranquistas, que se plasmó en el Movimiento Democrático de Mujeres, primera organización de mujeres en la clandestinidad que, después de la muerte de Franco, participó activamente en las luchas de las mujeres y en el movimiento feminista. Dolores no dejó de posicionarse a nivel personal en las luchas a favor de las mujeres y en 1983 participó en la manifestación de solidaridad con las Madres de la Plaza de Mayo argentinas.

 

Pasionaria mujer y madre, ciudadana y comunista.

“es de vital importancia para el avance de la revolución la conquista de la mujer, nuestra principal tarea es darle una conciencia política que le permita conocer a sus enemigos y que le capacite para ejercer sus derechos. Ocurre, que son nuestros propios camaradas los que se oponen a que la mujer intervenga en la vida política y social. Tenemos que empezar por conquistar nuestros hogares arrojando al enemigo que tenemos dentro”.

Dolores Ibarruri, Mundo Obrero, 1933

 

Dolores Ibarruri se forjó en aquella cuenca minera, pero no solo como minera y Pasionaria, sino sobre todo como mujer. La parte que nos queda por conocer de Dolores es la de aquella mujer que tuvo que enfrentarse al mundo para poder serlo. Las dificultades y contradicciones con las que se encontró a lo largo de su vida de mujer constituyen la pieza que le falta al rompecabezas para entender cómo se forjó la figura de Pasionaria que todxs conocemos.

 

A la edad de 15 años, se toparía con la cruda realidad de su destino como mujer en aquella cuenca minera al tener que abandonar sus estudios para ser maestra, tal y como ella misma explica “¿Quién podría costearme los viajes, los libros, la comida, la matrícula? Me preparaba para servir como criada o casarme y convertirme en la mujer de un minero, la larga historia de mi propia familia”. Tendría que ocupar los espacios que ocupaban las mujeres, como la casa, el mercado, la iglesia y sólo aquellos trabajos que concordaban con el rol femenino reproductor y cuidador que salvaguarda la tradición. Tras probar aquellos trabajos, como el de modista o sirvienta, “a los veinte años, buscando la liberación del duro trabajo en casas ajenas, mal alimentada y peor pagada, me casé (…) y mi misión en la vida estaba cumplida. No podía ni debía aspirar a más después de mi fracasado intento de ser maestra. El fin de la mujer, la única salida, su única aspiración, era el matrimonio, y la continuación de la vida triste, gris, penosa, esclava, de nuestras madres, sin más ocupación que parir y criar, y servir al marido, que en la mayoría de los casos trataba a la mujer sin ninguna consideración”. Desde este enfrentamiento de la mujer joven, esposa y trabajadora con la vida, desde esta experiencia real desde lo más privado fue adquiriendo el sentimiento de rebeldía ante la injusticia que paulatinamente se transformaría en conciencia de clase. Primero rompió con el papel tradicional de esposa para convertirse en una esposa militante, después su compromiso político fue saliendo de la esfera privada y de su rol de esposa para ocupar el espacio público por sí misma. Así nació y creció Pasionaria y al echar el vuelo hacia la capital para participar de la política estatal, rompió definitivamente con su rol de su esposa y con su matrimonio de 17 años. Como explica Amaya Ruiz, la única hija que le quedó a Pasionaria “Julián se casó con la chica Dolores, no con Pasionaria. Era mucha mujer para alguien tan sencillo”.

 

Al alzar el vuelo, trascendió también su rol de mujer obrera, saltó a la capital, al espacio de la política formal, de la diplomacia y de la democracia, un espacio de clase en que las mujeres que lograban llegar eran burguesas. Sin embargo, como apunta María Rosa Urraca Pastor, oponente carlista de Dolores “salió del pueblo y, como ves, ha llegado más lejos que sus correligionarias” porque fue precisamente aquel sufrimiento sentido en carne propia de mujer minera lo que le hacía conectar con el pueblo y lo que le hizo adquirir tal popularidad. Para Antonia Rodrigo, “Dolores Ibarruri enaltecía a las multitudes porque en ella estaban personificadas la madre, la hija, la novia, la hermana, la campesina, la minera, la obrera, la heroína” por ello, “Pasionaria no renegó nunca de sus orígenes, porque hubiera sido renegar de una buena parte de su personalidad”. Tampoco renegó nunca de su condición de mujer en ese espacio masculino que todavía hoy es el espacio político. Allí Dolores viviría en su propia piel las contradicciones de su figura política y su vida como mujer y son ellas las que determinarán lo que la historia dirá de ella según los ojos de quien lo cuente.

 

Dolores no encontró apoyo en la mentalidad de la época para rehacer su vida con otra persona tras separarse de su marido. Su relación extramatrimonial con Francisco Antón le atrajo la crítica de algunos sectores dirigentes de su partido, que no aceptaban sus amoríos con un burócrata de la organización, catorce años más joven que ella. De hecho, cuenta Irene Falcón, camarada de partido y amiga en vida de Dolores que cuando Jesús Hernández quería ser secretario general, empezó una lucha machista de la peor especie atacándola por su relación con Antón, pero también esta barrera moral consiguió romper Dolores saliendo victoriosa en esta batalla. También ganó la batalla a la derecha reaccionaria que se esforzó en machacar su reputación durante los cuarenta años que duró la dictadura sin conseguirlo. Se haría especial eco de la vida personal de Dolores para aludir a su promiscuidad natural, pero también  de sus ideas y discursos, sus convicciones religiosas, su humilde procedencia y su condición de mujer. Así, sería atacada como “sanguinaria líder comunista”, de acuerdo al clásico descrédito comunista e incluso se trataría de convertir una discusión parlamentaria con Gil Robles en amenaza de muerte. Sería motivo de sospecha que no tuviera un léxico y comportamiento ferozmente anticlericales y se desconfía de su ateísmo hasta el día de hoy, en que se considera noticia probatoria la supuesta pertenencia al Opus Dei de su biznieta Anna Biriukov. Como mujer humilde sería atacada por su “vulgaridad” y “nulidad intelectual” y cuando devino diputada de las Cortes de la República, se llegaría a afirmar que “una analfabeta” se arrogaba un escaño. También sería tachada de ser “sumisa a Stalin”, en definitiva, resultaba inadmisible que una mujer obrera pudiera tener vida personal y pensamientos propios, más allá del papel de esposa y madre, que le asignaba la costumbre.

 

Precisamente, su condición de madre es quizá el conflicto más grande que sufrió Dolores con su actividad militante. Como explica “mis hijos, frecuentemente quedaban abandonados mientras yo debía desarrollar una intensa actividad ilegal (…), debían sufrir constantemente las consecuencias de las actividades comunistas de su madre, pero sin los cuales la vida se me hacía imposible”. Es fácil de imaginar el escaso apoyo que recibiría, teniendo en cuenta la mentalidad de la época, hostil con que una mujer abandonara a sus hijxs y recelosa de su actividad rebelde. De hecho, en sus memorias deja constancia de que a lo largo de su vida no contó con el apoyo de su familia por temor a las represalias, a excepción de su hermana Teresa. Al compartir sus inquietudes con los dirigentes de su partido eran considerados “problemas personales” y urgían otras actividades públicas más urgentes, importantes y visibles. Y la única opción que le pudieron ofrecer y tuvo que aceptar fue enviar a Rubén y Amaya a una escuela internado en la URSS en 1935, hasta que ella pudiera volver a reunirse con ellxs en el exilio y al finalizar éste, volver a separarse de la única que le quedó y lxs tres nietxs que ésta le dio.

 

Y precisamente su condición de madre es para Teresa Pamies lo que la convertía en “la figura más indicada para clamar justicia. Hay cosas, en los combates políticos, que reclamadas por un hombre no causan el mismo impacto. Se requiere la sensibilidad, el arrojo y el dramatismo de una madre”. Y fue este papel de madre el que sería exaltado por la propaganda comunista y en palabras de Pierre Vilar se convertiría en la encarnación de la madre del pueblo, de una patria en peligro y de la fe revolucionaria.  Así, como explica Joan Estruch “los atributos de Pasionaria son los de la madre enérgica y exigente, sacrificada y abnegada, juzgada en su vida propia porque tenía que representar la madre consagrada en exclusiva a la causa, al partido, más aún tras perder a su hijo Rubén en batalla”. A partir de entonces Pasionaria se convertiría en versos de Alberti en: Madre buena, madre fuerte, madre que para la vida, le diste un hijo a la muerte. Y según Santiago Carrillo, que le sustituiría a Dolores como Secretario General del PCE, tras la muerte de su hijo Rubén Dolores terminaría renunciando a “su vida personal”. Con todo, Manuel Vázquez Montalbán concluye que debido a la transgresión de Dolores de su rol femenino y su insólita irrupción en un mundo y en una revolución de hombres, “los poetizadores de Dolores la interpretaron como la Madre Tierra en un inconsciente esfuerzo masculinista para que Dolores como Gea, Rea, Hera, Démeter, Astarte, Kali no escapara a su esencial condición paridora de hombres, ellos sí, revolucionarios”.

 

Estas distintas facetas de Pasionaria llevan a Mª José Capellín a considerar que recuperar la figura de Dolores Ibarruri hoy supone, no un ejercicio de nostalgia de modelos políticos agotados, sino tratar de encontrarse en esa corriente de incorporación de las mujeres a la historia aportando en ella una manera “diferente” de luchar por la igualdad y la emancipación del género humano. Todas ellas las resume Mª Carmen García Nieto al afirmar que Dolores Ibarruri fue mujer y madre, ciudadana y comunista, ninguna de las cuatro cosas solas y vivió atravesada por su conciencia de clase y de género, que heredó de aquella cuenca minera.  

 

Bibliografía

Capellín Corrada, Mª José (1996): De la casa al compromiso político. Dolores Ibárruri, mito del pueblo. 1916- 1939. Madrid, Fundación Dolores Ibárruri.

Estruch, Joan (1986): “PASIONARIA. La verdad de Dolores  Ibarruri” en Historia 16, año X- nº 118, Madrid

Sorel Andrés, Ruiz David y Manuel Vázquez Montalbán (1992): Dolores Ibárruri. Pasión de libertad. Exposición gráfica y literaria sobre una mujer excepcional y su tiempo histórico, Fundación Dolores Ibárruri, Círculo de Bellas Artes.

García Nieto, Mª Carmen (1996): “Hija de una época y de una clase, mujer con las mujeres: Dolores Ibárruri” en ARENAL Revista de historia de las mujeres, vol. 3. Nº 2, Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad de Granada (pp. 259- 277)

Ibarruri, Dolores (1933): “Informe de la camarada Pasionaria sobre el trabajo entre las mujeres” en Mundo Obrero.

Ibarruri, Dolores (1947): discurso al Consejo de la Unión de Mujeres antifascistas españolas, París, junio.

Ibarruri, Dolores (1976), El único camino, editorial Progreso Moscú, URSS.

Ibarruri, Dolores (1985), Memorias, editorial Planeta.

Pamies, Teresa (1976): Una española llamada Dolores Ibárruri, Martínez Roca, Barcelona.

Rodrigo, Antonia (1988): “Dolores Ibarruri la Pasionaria” en Mujeres de España. Las silenciadas, Círculo de Lectores, Barcelona

Vázquez Montalbán, Manuel (1995): Pasionaria y los siete enanitos, Editorial Planeta, Barcelona.

Vázquez Montalbán, Manuel (1996): “Dolores Ibarruri, La Pecadora” en ARENAL Revista de historia de las mujeres, vol. 3. Nº 2, Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad de Granada (pp. 333- 342).

Vilar, Pierre (1985): Adhesión al homenaje a Dolores Ibarruri en su 90 aniversario. Biblioteca de Mundo Obrero, nº4, Madrid.

Sorel, Andrés, ed. (1992). Dolores Ibarruri, “Pasionaria”: memoria humana. Libertarias/Prodhufi.

 

Webs consultadas

http://www.muyhistoria.es/curiosidades/preguntas-respuestas/quien-fue-la-pasionaria-251384256316

http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=ibarruri-gomez-dolores

http://www.generalisimofranco.com/VIDAS/dolores_ibarruri/001.htm

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/i/ibarruri.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Dolores_Ib%C3%A1rruri

http://www.eroj.org/biblio/ibarruri/biografi.htm

http://www.abc.es/estilo/gente/20141108/abci-amor-vengado-pasionaria-201411072026.html

http://www.libertaddigital.com/espana/2013-04-11/dolores-ibarruri-la-pasionaria-habria-muerto-catolica-tras-confesarse-y-comulgar-1276487270/

https://bilbaogreeters.com/tag/la-pasionaria/

https://es.wikipedia.org/wiki/Dolores_Ib%C3%A1rruri

http://www.march.es/ceacs/biblioteca/proyectos/linz/documento.asp?reg=r-37260

http://www.elcorreo.com/vizcaya/20080121/local/pasionaria-200801211748.html

http://www.bilbao.net/cs/Satellite?c=BIO_ArtiDiscuBando_FA&cid=3000499368&language=es&pageid=3000077658&pagename=Bilbaonet%2FBIO_ArtiDiscuBando_FA%2FBIO_ArticuloDiscursoBando