El Centro de Documentación de Mujeres Maite Albiz, emakumeen dokumentazio zentroa

Lo que no se nombra no existe

El Centro de Documentación de Mujeres Maite Albiz emakumeen dokumentazio zentroa (en adelante CDM) es una entidad sin ánimo de lucro formada por un grupo de mujeres que de manera colaborativa gestionan un espacio de encuentro para todas las personas interesadas en el estudio de la realidad de las mujeres. Su objetivo ha sido crear un fondo documental sobre las ideas y las actividades del Movimiento Feminista de Euskal Herria y configurar un fondo bibliográfico sobre los debates y el desarrollo de la teoría feminista en las diferentes disciplinas académicas. Pero además, su función siempre ha sido divulgar ideas y generar debate en esa relación permanente con la sociedad civil y con la sociedad en general. Resulta por tanto una iniciativa colectiva de mujeres que aportan a la cultura crítica desde la perspectiva feminista.

En la actualidad el equipo de trabajo está compuesto por cinco mujeres: Maria Jose Sola como bibliotecaria y Miren Llona, Nerea Aresti, Bego Sagasti y Maria Luisa Menéndez como voluntarias. Se presentan con su logo (una mujer apoyada sobre una montaña de libros) y una cita de un libro que, aclara Marijo, “explica por qué una biblioteca de mujeres especializada en tema mujer, cualquiera puede decir que ya están las bibliotecas normales, las universitarias, pero consideramos que lo mejor es tener una biblioteca especializada en las mujeres porque lo que no se nombra no existe y porque somos feministas, sin más”:

De la cocina al archivo

El germen de este espacio se remonta a los años setenta en torno a esa ebullición de vida social y de movimientos sociales durante la época de la transición, tras aquella dictadura de cuarenta años que ha marcado la historia contemporánea del Estado español. En aquellos años se dio el florecer de las asambleas de mujeres a lo largo y ancho de todos los territorios de Euskal Herria y del resto del Estado. Se trataba de organizaciones autónomas unitarias que aglutinaban mujeres de diferentes lugares físicos, sociales y políticos y funcionaban como un foco de visibilización y coordinación de diferentes iniciativas feministas. Con ellas fue emergiendo y afianzándose el feminismo y en 1976 se organizaron en Madrid las I Jornadas Feministas Estatales y en Catalunya las Jornadas Feministas Catalanas, dos acontecimientos importantes en la definición del movimiento feminista.

Maria Luisa relata su experiencia: “La militancia era una cosa acalorada. Surgieron muchos grupos en los barrios, llegamos a hacer asambleas de doscientas y pico personas, claro, estaba todo por hacer, fueron unos momentos tremendos. En aquel momento, dentro de la Asamblea de Mujeres estaban las mujeres de diferentes partidos políticos. Tras unos años, se fue fragmentando no con trauma, como un proceso natural… las mujeres de los barrios fuimos trabajando por nuestra cuenta. La primera época era el momento de hacernos fuerte antes de que cada cual fuera tomando su camino. Por eso las primeras jornadas feministas tienen mucho de mirarte para adentro… primero teníamos que saber qué pasaba, cómo estábamos ante lo que ocurría para hacer propuestas de cómo cambiarlo. Y ése fue también el proceso del archivo, que el mundo es muy grande, que hay mucho trabajo elaborado, que si no lo hacemos nosotras no lo va a hacer nadie”.

En Bilbao, la Asamblea de Mujeres de Bizkaia primero se reunía en casas y luego  ya fue consiguiendo sus propios locales, primero en la calle Torre y después en la Calle Jardines que, según Maria Luisa, “ya era un piso más grande y ya era el local social de la Asamblea de Mujeres. Allí nos dejaron la cocina porque había otras salas más grandes más útiles para reuniones y espacios de trabajo y la cocina era una cocina hermosa, embaldosada y con todas las cosas de la cocina pero no se cocinaba. Entonces empezamos a recoger documentos de prensa y de algunos trabajos que se hacían para servir de apoyo a los debates que teníamos en la asamblea con temas con los que estábamos como el aborto, el divorcio, la sexualidad, trabajo, etcétera”. Además de este trabajo de recoger documentación empezaron también a archivar el propio material que generaban como Asamblea (actas, reflexiones, propuestas…), como movimiento feminista (resultados de asambleas feministas estatales y locales…) y, en especial, del movimiento de lesbianas de Euskadi, como colectivo especialmente silenciado e invisibilizado a pesar del gran trabajo político que realizan. Como cuenta Marijo: “Lo que nos da singularidad es que al empezar a guardar las actas de las asambleas nos dimos cuenta de que éramos las que teníamos la custodia del patrimonio de los inicios del movimiento feminista en Euskadi, si no nos encargábamos nosotras de guardar esas fuentes que van a construir el relato de nuestra historia, ¿quién lo iba a hacer? Como siempre la memoria de las mujeres se pierde”.

Así, desde 1982, un grupo de mujeres empieza a tener la función de archivo en la cocina del local de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia para alimentar los propios debates que allí surgían y para salvaguardar todo el trabajo que allí se realizaba. Y se les conocía como “las del archivo” o paradójicamente “las de la cocina”, como bromea Maria Luisa: “De hecho, todavía en la Asamblea somos las de archivo”.    

Del archivo al servicio público

El siguiente paso fue comprar libros que trataban sobre feminismo y empezar a montar una biblioteca. “En esa época, entre el 77 al 80, es cuando se empieza la apertura de editoriales, a publicar ensayos y temáticas que hasta entonces no habían existido, la gente se iba a Iparralde a  comprarse libros rojos”, relata Marijo. “De El segundo sexo de Simone de Beauvoir aquí se manejaban ediciones de Suramérica y se encontraban en otros países… se editó en un editorial española en 1990. La transición española y el movimiento feminista empiezan a ser temas de estudios universitarios y de otros estudios”. Poco a poco empiezan a aumentar sus relaciones con el resto de la sociedad, por ejemplo a través de cursos de extensión universitaria y cursos de verano con la Universidad del País Vasco- Euskal Herriko Unibertsitatea, destacados por su buena acogida y su metodología participativa. También empiezan a colaborar con la edición y presentación de libros y documentales, con la presencia de sus respectiva autoras, y a dinamizar conferencias e investigaciones que tengan presente visibilizar la contribución de las mujeres en la historia, en la sociedad y en la cultura, incluyendo también aquellas mujeres consideradas en los márgenes, tocando temas tan candentes como la prostitución. “Fuimos atrevidas con el tema de la prostitución cuando era un debate tan duro dentro del movimiento feminista”, recuerda Maria Luisa.

Según estas relaciones con el mundo exterior se van materializando y su volumen de libros aumentando, empiezan a valorar la posibilidad de poner todos los fondos a disposición de la población en general y pasar de la cocina al espacio público. En palabras de Maria Luisa: “Empezamos a ver que el archivo o tenía una proyección pública o no tenía sentido y ahí fue cuando nos esmeramos en buscar un acuerdo con las instituciones para tener un local estable y un sitio público”. Este proceso fue liderado por Maite Albiz a través de todo un trabajo de negociación para acordar un convenio con el Área de la Mujer y Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Bilbao, que ha pervivido hasta el día de hoy. Como explica Marijo, “el apoyo del convenio económico se traduce en que se pueden comprar libros, se puede hacer un mantenimiento técnico, tener una tecnología adecuada y permite que yo cobré un salario, tener una profesional, contratar a alguien permite profesionalizarlo y darle una continuidad. Además, estamos en un local municipal y los gastos de luz, agua, calefacción, teléfono, internet o mobiliario corren a cargo del Ayuntamiento y eso no está monetarizado pero nos ahorramos mucho dinero, lo único que es nuestro son los equipos, los ordenadores, eso sí pagamos nosotras”.

Este espacio se sitúa en el centro cívico del edificio La Bolsa en el Palacio Yhon, en pleno Casco Viejo de Bilbao. “Primero se trataba de dar un salto al espacio público, que es fantástico, funciona como cualquier otra biblioteca, con independencia absoluta y también se trataba de que fuera un centro digno para toda persona que quiera hacer trabajos y también para quien trabaja aquí, que no sea un trabajo precario y para ello hemos tenido que tirar de diferentes fuentes: Ayuntamiento, Emakunde-Instituto Vasco de la Mujer y Diputación Foral de Bizkaia”. Sin embargo, los tres convenios han sufrido variaciones en mayor o menor grado en los últimos cuatro años debido a la crisis económica y los subsiguientes recortes en cooperación, que se han visto reflejados especialmente en la reducción del apoyo para iniciativas de mujeres. Marijo explica que como “los convenios se han ido reduciendo la única forma de mantener el Centro de documentación era que yo me redujera el salario, entonces lo que hicimos fue reducir mi jornada laboral, yo trabajo dos tercios y entonces cobro menos, pero más o menos estoy el mismo tiempo. El trabajo hay que sacarlo y se hace”. Por ello, se inició una campaña para que las socias y socios que así lo deseen aporten anualmente una cuota para intentar poder seguir propiciando un trabajo digno para la persona contratada.  

Gestión y autogestión

La decisión de iniciar este juego con las instituciones supone toda una carga de trabajo, como reconoce Marijo: “Nosotras tenemos un convenio económico y tenemos que justificar absolutamente toda la pela así que hay toda una gestión que llevar, que lo hacemos entre todo el grupo de trabajo: yo, contratada, y cuatro mujeres que trabajan voluntariamente, dos profesoras de universidad con una carga de trabajo impresionante y dos jubiladas. Y son muy importantes, llevan ideas, gestión, negociar con las instituciones, no soy yo la que mantiene esto”. Continúa reflexionando sobre lo que les supone esta carga de trabajo: “Tenemos claro de dónde venimos, a donde pertenecemos, al movimiento, somos del movimiento y nacimos del movimiento feminista, pero hemos tenido que abandonar la parte de activistas militantes feministas porque no nos da para todo”. Con esto no quiere decir que no participen de manera activa en plataformas reivindicativas, campañas y apoyen cualquier tipo de militancia acorde con sus objetivos, pero podríamos decidir que ahora este grupo de mujeres está más centrado en el activismo documental.

Para mantener estas relaciones, el CDM está registrado como entidad sin ánimo de lucro en el Registro de Asociaciones del Gobierno Vasco, como colectivo independiente de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia que, como cuenta Maria Luisa, “nunca se legalizó ni ahora tampoco. Para recoger subvenciones legalizábamos comisiones pero la Asamblea como tal no, porque ya teníamos otros instrumentos para solicitar subvenciones y hemos solicitado muy pocas porque tenemos la tzozna de la Asamblea, que es una fuente de ingresos impresionante”. Las tzoznas son espacios con barra abierta en la calle donde se sirven bebidas, comidas y se organizan actividades gratuitas durante la Aste Nagusia- Semana Grande de Bilbao, la segunda quincena de agosto de cada año. Cada una de ellas está dinamizada por una comparsa, que son cuadrillas de ciudadanos y ciudadanas que participan activamente en las fiestas populares de Bilbao, principalmente en la Semana Grande pero también en otros eventos como los Carnavales y la Feria de Santo Tomás. Muchas de estas comparsas están compuestas por personas pertenecientes a colectivos sociales transformadores que aprovechan el dinero que les proporcionan las tzoznas para autogestionarse el resto del año. Es el caso de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, que participa con su comparsa y su tzozna Mamiki, desde 1979, consiguiendo fondos para sus locales y actividades el resto del año e incluso, como cuenta Maria Luisa, “ha habido momentos críticos que la propia Asamblea nos ha dado dinerito para el centro de documentación gracias a la financiación de Mamiki”.

Teniendo en cuenta estos antecedentes del feminismo autónomo que cuenta con métodos propios de autofinanciación, en palabras de Maria Luisa “éramos muy anti institucionales y fuimos contra esa dinámica. Mantener esto sin subvenciones era imposible y las subvenciones también son nuestro dinero, ¿no?”. Así que este colectivo decidió unir el potencial social de su proyecto con el dinero institucional derivado para el mantenimiento de espacios de estas características sin por ello perder su capacidad de decisión y autogestión. A pesar de que los cambios políticos determinan las personas que están al frente de las instituciones y, por tanto, el grado de apoyo que puedan dar a un proyecto de estas características, “a veces hay una actitud en la gente política que igual no saben muy bien lo que es pero de alguna manera se fía, deja hacer y va aprendiendo y vas compartiendo”. Así, como  afirma Marijo: “Yo soy una persona que está contratada por este grupo del CDM, que  es una entidad sin ánimo de lucro, no por el ayuntamiento y ninguno de los convenios que hemos firmado ha supuesto una pérdida de la gestión sobre el objetivo del proyecto. No quiero ponerlo como ejemplo, ni lavar la cara a las instituciones, pero a pesar de ser una entidad que dependemos casi al cien por cien de ellas, mi experiencia dentro del CDM es que la gestión sobre el centro sigue siendo nuestra, el patrimonio es nuestro, los libros son nuestros, nosotras le damos el carácter que queremos, compramos los libros que nos da la gana y decidimos los proyectos que hacemos. Por eso sigue siendo un proyecto que autogestionamos, hacemos autogestión pura y dura”.

Adaptarse o morir

En todos estos años de andadura del CDM se han dado efervescentes cambios sociales a los que se han ido adaptando en su doble función de archivo y de diálogo permanente con la sociedad. En su función de archivo, actualmente el CDM cuenta aproximadamente con 20.000 fondos, provienen de adquisiciones, donaciones y documentación generada por el propio Centro y por la Asamblea de Mujeres de Bizkaia y están compuestos por materiales de muy diverso tipo, como pueden ser libros, revistas, literatura gris, carteles, DVDs, etcétera. De aquel archivo en una cocina que acumulaba, en palabras de Marijo, “mogollón de documentación, dispersa, sin fecha, sin nombre”, la evolución vertiginosa de los sistemas informáticos ha llevado a una adaptación continua en cuanto al uso de las nuevas tecnologías de información.  El propio CDM reconoce que “el papel desempeñado hasta hoy por las instituciones documentales como intermediarias entre la información y las personas usuarias ha sufrido con las nuevas tecnología un cambio importante. Nuestra biblioteca ya no podrá ser definida como una colección de libros y documentos, sino como un servicio de información múltiple y deberá adaptarse, como por otra parte siempre ha hecho, a las nuevas necesidades sociales, en un intento dentro de unas posibilidades limitadas a nuestros recursos de desarrollar paralelamente los dos tipos de biblioteca: la clásica y la virtual”.

Un ejemplo lo representa un proyecto pionero en marcha desde 1999 y vigente hasta el día hoy que se esfuerza en recopilar y visibilizar los materiales gráficos del Movimiento Feminista de Euskadi. Como explica Marijo, “la cartelería era el medio de comunicación fundamental típica de aquellos años, ahora ya casi no se usan y apenas les prestamos atención, pero es un formato visual y textual que da muchísima información sobre las cosas que ocurrían en esos años, es un referente de información fundamental”. De los doscientos con los que contaba la Asamblea -y ampliando la búsqueda en todo tipo de asociaciones y colectivos de mujeres- han llegado aproximadamente a 1.100, que están guardados físicamente en un armario del local de la Asamblea, actualmente situada en la calle Pelota de Bilbao, a escasos metros del CDM. “Los más de mil carteles que tenemos es un material gráfico impresionante y viendo la exposición de carteles ves la evolución del movimiento feminista aquí”, explica Maria Luisa. Por ello, realizaron una selección de 50 carteles para ofrecerla como exposición de la memoria del movimiento feminista de Euskadi y ha sido expuesta en diferentes lugares y ocasiones. Además, a día de hoy, todos los carteles han sido digitalizados para poder acceder a ellos a través de la red. Marijo le pone nombre a la transformación: “Esto es lo que hemos llamado el centro de documentación digital, la memoria del movimiento feminista, desde los carteles hasta los documentos históricos de las jornadas feministas estatales y de Euskadi. A veces ponerle ese nombre como archivo del movimiento feminista vasco quizás es un poco grande, pero lo que queremos decir es que sigue en marcha y no renunciamos a ir incorporando más cosas”.

El CDM también se ha ido adaptando a los efervescentes cambios sociales en su función de diálogo permanente con la sociedad, porque “también es una labor que ha trabajado el grupo, generar debate, divulgación de ideas…”. Así, han llevado a cabo todo tipo de actividades al hilo de las demandas sociales. Por ejemplo, en aquellos tiempos de su nacimiento la influencia del ecologismo se plasmaba en el ecofeminismo y en las reflexiones en torno al reparto de trabajo remunerado y eso llevó al CDM a plantear el reparto del trabajo reproductivo y sus tiempos. Las encrucijadas del  cambio de siglo empujaron al CDM a conocer las miles de caras del feminismo y a visibilizar las problemáticas de otras culturas y lugares del mundo tan diversos como América Latina, Kurdistán o África, para dar voz a todas las reflexiones y profundizar en las dinámicas que favorezcan la convivencia y el entendimiento entre mujeres de orígenes y culturas distintas.

Ante todos los cambios vividos a lo largo de su trayectoria, el CDM se ha venido planteando cómo estos han afectado a la subjetividad femenina y si hemos salido ganando con el cambio o pensamos que las nuevas formas de ser mujer están cargadas de contradicciones. Se trata, al fin y al cabo, de reflexionar sobre si estamos consiguiendo satisfacer las demandas inmediatas, necesidades prácticas e intereses estratégicos de las mujeres, pero también los de los hombres, por lo que el CDM ha dinamizado reflexiones relacionadas con las nuevas masculinidades, la custodia compartida o la coeducación emocional, entre otros.

Para trabajar todos estos temas utilizan los formatos clásicos de talleres y jornadas pero les gusta destacar sus Feminarios. Como relata Marijo, “en vez de llamarlo seminario, le pusimos el nombre de feminario y se trataba de coger un tema de actualidad para reflexionar sobre él, por ejemplo uno que tuvo bastante éxito es cuando toda la polémica del velo en el islam con las mujeres tapadas, y así hemos hecho muchos feminarios aquí en Bilbao”. También han promovido diálogos interdisciplinares a través de exposiciones colectivas de mujeres artistas en salas de exposiciones no comerciales, concursos de relatos escritos por mujeres, o audiovisuales y cine hecho por mujeres. Así, parten de los diversos enfoques de la cultura crítica para visibilizar la contribución de las mujeres y buscar alianzas entre ellos, por ejemplo, incorporando las mujeres artistas en el feminismo. Además, se va visibilizando cada vez más la labor de este centro en periódicos y revistas. El CDM va publicando sus artículos de opinión, en especial en manos de Miren Llona, y participando en jornadas y mesas redondas, donde aportan a su vez en el replanteamiento de la cultura crítica desde el enfoque feminista.

En este diálogo permanente con la sociedad el CDM ha desarrollado una extensa red de contactos que permite poner en relación a las mujeres con las instituciones, con el mundo asociativo y con todo tipo de actividades feministas. Maria Luisa le gusta definir al  CDM como “un centro de recursos, donde hay muchas mujeres y hombres que vienen a hacer trabajos pero también es un centro para colaborar con el movimiento asociativo y el institucional, muchos ayuntamientos nos llaman para exposiciones, buscar gente para dar charlas, videos para talleres y sensibilizar”. Por tanto, realizan también un trabajo de asesoramiento importante, sobre todo de cara al 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Como afirma Marijo, “estamos abiertas a cualquier propuesta y siempre hemos intentado que el CDM sea un punto de encuentro, más que físico, simbólico de la sociedad civil y organizaciones de la calle, intentar aportar nuestra experiencia y colaboración para gestionar y para hacer desde pequeños encuentros, por lo que efectivamente también hemos llevado toda una política de colaborar con inmensidad de grupos”. Entre ellos podemos destacar todo tipo de organizaciones feministas (como el Grupo Feminista Simone de Beauvoir, Lambroa, el Forum Feminista ‘María de Maeztu’ o la Marcha Mundial de Mujeres), ONGs de diverso tipo (como Médicos del Mundo o Mugarik Gabe), colectivos sociales (como Comités Internacionalistas y en concreto Emakume Internazionalistak- Mujeres Internacionalistas), profesionales (como Mujeres Letradas del Colegio de Abogados de Bilbao), sindicatos (como la CGT) o asociaciones derivadas de organismos públicos (como la Biblioteca Municipal de Bidebarrieta o la Asociación de Agentes de Igualdad del País Vasco). Todo ello da muestras de su trabajo en red, si bien la red fundamental a la que pertenecen tiene que ver también con documentación.

Mujeres y bibliotecas

El fenómeno de Bilbao no es un hecho aislado. Como cuentan Ana Muñoz y Montse Argente, los orígenes de las bibliotecas, archivos y centros de documentación e información sobre mujeres en Europa discurren en paralelo a la historia de los movimientos sufragistas y de sensibilización con los derechos de las mujeres de finales del siglo XIX. Estos colectivos, conscientes de que los historiadores –en masculino– pasarían por alto las actividades femeninas, se conciencian de la necesidad de preservar en un espacio propio la documentación y archivos generados por ellas mismas. En 1909 se funda la Biblioteca de la Mujer en Barcelona, hoy Biblioteca Francesca Bonnemanson, que fue la primera biblioteca para mujeres en Europa y quizá del mundo. Sin embargo, fue una excepción en el panorama estatal, ya que el resto de las bibliotecas de mujeres del estado español tendrían que esperar para nacer a los años ochenta. Es en estos años cuando se empieza a generar tal necesidad de información que estos centros se vuelven herramientas imprescindibles para avanzar hacia la igualdad. Así, se da una proliferación de bibliotecas y centros de documentación de mujeres, algunas provenientes del movimiento feminista autónomo (como el CDM), otros de centros de investigación universitaria y otros  de los organismos gubernamentales promotores de políticas públicas de igualdad. Sin embargo, todos ellos se habían organizado independientemente y sin coordinación entre ellas.

De nuevo es Maite Albiz quien en 1993 aprovecha el marco de  las Jornadas Feministas Estatales Juntas y a por Todas, celebradas en Madrid, para organizar un taller sobre cómo gestionar fondos documentales sobre mujeres en el que se juntaron un significativo número de profesionales. Este taller tuvo como resultado al año siguiente el I Encuentro de Centros de Documentación y Bibliotecas de la Mujer, organizado por el Centro de Documentación y Biblioteca de Mujeres del Instituto de Promoción y Estudios Sociales (IPES) de Pamplona, prima hermana del CDM de Bilbao. Marijo recuerda que nacieron “prácticamente en los mismos años, la gestión es prácticamente igual que ésta, es una biblioteca surgida del movimiento feminista y vive de subvenciones institucionales. Por ello, con IPES somos primas, hermanas, gemelas”. Allí se constató que, a pesar de contener importantes recursos documentales de calidad, eran entidades poco conocidas en su ámbito, incluso entre las personas profesionales usuarias de esta información. Y resultó evidente que había que unir esfuerzos para promocionar la función de estas unidades de información sobre mujeres. En el II encuentro en Madrid se decidió formar la Red que permitiera el intercambio y la colaboración entre las personas que trabajan, mayor cooperación interbibliotecaria y la búsqueda de soluciones a problemas comunes.

Desde entonces se han dado encuentros anuales donde además de reforzar el conocimiento y la relación personal y profesional, se intercambian opiniones y propuestas, se presentan las novedades y buenas prácticas de cada centro, se debaten cuestiones de fondo que preocupan, se acuerdan por decisión mayoritaria las principales líneas de actuación a seguir anualmente, y se definen los proyectos a llevar a cabo por las comisiones de trabajo de la Red. Estas comisiones de trabajo son: Catálogo Colectivo de Publicaciones Periódicas, comisión encargada de la página Web, comisión encargada de la indización y el tesauro, y comisión sobre la bibliografía básica. En general, se puede decir que la Red es hoy en día un conjunto muy heterogéneo de bibliotecas y centros de documentación que no depende de ningún organismo administrativo concreto, y que está basado en la voluntad de sus miembras de cooperar y coordinar esfuerzos dentro del marco informativo en que se han creado.

Esta Red va consolidándose no solo a nivel estatal sino también a nivel internacional, participando activamente en la Conferencia Know sobre el mundo de la información sobre y para la mujer (Ámsterdam 1998, Kampala 2002). Entre las fechas de ambos encuentros, la Red ha sido representante de Europa Occidental en el Comité Permanente de la Know How velando por la misión de la Conferencia de “mejorar la visibilidad y accesibilidad de la información sobre y para la Mujer en el ámbito global y local, lo cual incluye información por y para las mujeres indígenas, migrantes, refugiadas y lesbianas”. Además, alimenta su red de contactos internacionales a través de Mapping the World y WINE.  

Herencia y memoria

En palabras del CDM, los centros como él realizan “una labor primordial como salvaguarda del conocimiento y del patrimonio cultural de las mujeres, a la vez que ofrecen recursos y prestan servicios que contribuyen a reconocer los saberes femeninos y feministas”. De esta forma, se encargan “de legitimar, potenciar y preservar como memoria documental el conocimiento y la cultura elaborados por las mujeres, con el esfuerzo, el cuidado, la atención y el respeto que este patrimonio merece como parte de la identidad histórica de las mujeres”. Además, atienden la necesidad de borrar los estereotipos a los que se ven sometidas las mujeres “incluso en el marco de la Biblioteconomía, utilizando lenguajes de indexación no sexistas, selecciones bibliográficas específicas y actividades extra-bibliotecarias dedicadas a la concienciación sobre el hecho de ser mujer en la sociedad actual”.

Para Miren, con la labor que realiza el CDM se trata de recuperar la memoria colectiva de las mujeres y de sus diferentes experiencias de opresión, sumisión o rebelión. Se trata de dejar constancia pública de que hubo un tiempo en que las mujeres no podían acceder a los estudios ni ir a la universidad; hacer visible que hasta hace bien poco la maternidad era un destino ineludible para las mujeres; poner de manifiesto que durante mucho tiempo las mujeres han tenido cerradas, por ley, parcelas importantes del mundo del trabajo. Y dejar constancia también de que estos cambios no han sido fruto del curso inevitable de la historia sino de la lucha de las mujeres, las de entonces y las de ahora. Por su parte, el reconocimiento hacia las víctimas de delitos sexuales, violencia de género y agresiones machistas, constituye un elemento imprescindible en el proceso de deslegitimación social de la violencia sexista. Así, los centros y bibliotecas de mujeres como el CDM contribuyen a incorporar el punto de vista de género al análisis del pasado y a poner en cuestión el tradicional relato androcéntrico, por lo que ayudan a establecer lazos de solidaridad y de identificación que, incorporados a nuestra subjetividad, pueden modificar la manera que tenemos de entender el mundo y de manejarnos en él. Entonces, gracias a estos centros, se puede producir una transformación de las conciencias y de las formas de entender el mundo y la realidad.

Como muestra de todas estas potencialidades, desde su nacimiento en los años ochenta, los centros de documentación y bibliotecas de mujeres han vivido un crecimiento exponencial de las obras que analizan la cuestión de género desde todas las disciplinas científicas, a la par que crecía el número de demandas de información por parte personal profesional, investigador o estudiante. Esta demanda ha sido satisfecha por estos centros con los medios a su alcance. En definitiva, están satisfaciendo la necesidad actual de unas buenas unidades de información dotadas de buenas bibliotecas, hemerotecas, videotecas, o servicios de teledocumentación. Todo ello no hubiera sido posible sin el trabajo que han venido realizando como Red durante los últimos 17 años. Un trabajo que ha servido para “controlar cooperativamente la explosión bibliográfica sobre temas de género y mujer y dar un mejor servicio a las usuarias de nuestras unidades de información” y para “optimizar recursos e intercambiar servicios y experiencias garantizando la continuidad, mejora y capacitación de todas las unidades de información sobre mujeres, perfilando los centros que integran la Red, como espacios de referencia documental que forman parte de nuestro patrimonio social, histórico y cultural”. En este sentido, una gran función de la red ha sido también unir esfuerzos para hacerse visibles en el mundo bibliotecario y accesibles en sus entornos sociales.

Y es que Ana y Montse alertan de que, aún ahora, “las bibliotecas y centros de documentación sobre mujeres constituyen uno de los tipos de bibliotecas menos conocidos entre el público en general”. Así, a pesar de la importante función social que cumple el CDM, como reconoce Marijo, “la herencia y el legado es una pregunta que nos hacemos nosotras mismas: ‘¿qué pasará con esto?’”. De nuevo, no se pueden eludir los efervescentes cambios sociales que amenazan la pervivencia de estos centros, entre los cuales Marijo destaca los siguientes: “Ahora el papel está retrocediendo, los formatos son digitales, en streaming, las jornadas se registran en formatos audiovisuales. También el feminismo está más fragmentado, no es ni bueno ni malo… es más autónomo. Y las condiciones de cómo se organiza la vida son diferentes, no quiere decir que se milite menos porque hay muchísima gente, pero ahora la gente joven tiene más opciones, se apuntan a campañas, al facebook, montan grupos de punk, grupos en barrios y pueblos…”. Por eso, para ellas, “la gran pregunta es cómo podemos atraer a la gente joven que a veces esto de guardar libros parece un poco arcaico… ‘¿pero qué hacéis guardando libros y papeles?’”. Y ella misma tiene la respuesta: “Parece que las cosas no tienen valor cuando las haces. Yo igual tengo mucha manía archivística y bibliotecaria y siempre estoy diciendo a los grupos… ‘guardarlas, ordenarlas, poner las fechas, intentar tener un pequeño archivo de cualquier organización’, porque al final es historia y con esa historia se hacen otras historias”. En suma, el CDM, “posiblemente, sea una de las mejores bibliotecas de mujeres que existe en el Estado español, es una buena biblioteca, está bien organizada, está bien trabajada, podría estar mejor… Esto es un germen del movimiento feminista de mujeres, lo gestionamos mujeres y por eso para mucha gente histórica de la Asamblea el CDM es como un gran tesoro”. Y es que, como afirma el CDM: “De nuestras vidas, de nuestros deseos, de las formas que tejemos las relaciones y reproducimos el mundo, poco quedará a menos que nos propongamos construir una memoria genérica cada vez más rica, porque la memoria no existe: se construye”.

Homenaje

En palabras del CDM: “Todos estos años sin Maite Albiz, primera documentalista del Centro no hubieran sido posibles. Es por eso que el centro de documentación de mujeres lleva su nombre desde 2010”. Marijo enmarca la importancia de Maite. “Se murió hace poco de cáncer y como era amiga y compañera en esto que trabajamos de la memoria nos pareció que el centro tenía que llevar su nombre, para agradecerle que ella dio el paso y el esfuerzo de hacer crecer a esto. Fue una pieza súper importante en ser lo que somos ahora y siempre que hablamos del CDM la recordamos, porque independientemente de que sea un proyecto de grupo a veces las personas cuentan y cuentan con nombre y apellido”. Maria Luisa complementa esta afirmación al decir que “parece que las cosas se han hecho porque sí y siempre hay alguien que se lo ha currado un montón, en este caso Maite, gracias a su empeño, ¡qué pesada era! Era genial, era una persona maravillosa”.    

Bibliografía:

CDM (2010): XVII ENCUENTRO RED DE CENTROS DE DOCUMENTACION Y BIBLIOTECAS DE MUJERES, BILBAO, 27-29  MAYO 2010

CDM (2013): MEMORIA 1982-2013

Llona Miren (2009a): “Los usos de la memoria para el feminismo” en Viento Sur, Número 104 / julio (pp. 35- 42)-

(2009 b): “Memoria histórica y feminismo” en Jornadas feministas de Granada.

Muñoz- Muñoz, Ana y Argente Jiménez Montse (2010): “Red de Centros de Documentación y Bibliotecas de Mujeres: cooperación entre las bibliotecas feministas españolas” en El profesional de la información, v. 19, n. 5, septiembre-octubre (pp. 504- 509).