Eulalia Abaitua (1853-1943)

Mujer mira a mujer

La primera fotógrafa de Euskadi, Eulalia Abaitua Allende Salazar vivió durante la mayor parte de su vida en una casa al lado de la Basílica de Begoña. Un siglo después, las fotografías de Eulalia, que ella misma había revelado, clasificado y almacenado en esta casa durante finales del siglo XIX y comienzos del XX, llegan al Museo Vasco de Bilbao, a unos pocos metros, bajando por las Antiguas Calzadas de Mallona.

Este Museo, ubicado en un edificio del siglo XVII, desempeña desde el año 1914 labores de recuperación, análisis y conservación de los objetos y testimonios históricos y artísticos de interés público general y alberga la mayor parte del documento gráfico producido por esta pionera de la fotografía en el País Vasco. Ha organizado además, varias exposiciones de su obra y ha ayudado a dar a conocer su trabajo. Fuera de este, existen además otros dos fondos relevantes, los álbumes que son conservados por su descendencia y una serie de imágenes que custodia la fundación Sancho el Sabio de Vitoria-Gasteiz, dentro del Archivo Basualdo.

En cualquier caso, las escasas iniciativas por dar a conocer y reconocer el valor y la relevancia de la  obra de Eulalia Abaitua y su testimonio gráfico del Bilbao de la época no han logrado trascender en la medida justa y esta artista y precursora del reporterismo (actividad que ejerció sin saberlo antes incluso de que existiera como tal) ha pasado a la historia sin el debido reconocimiento, infravalorada e invisibilizada; y su vida, circunstancias y el contexto en el que se produjo su labor artística están, todavía, llenas de incógnitas.

“Fotografía” general de su vida

Eulalia Abaitua nació en Bilbao, según el registro de bautismo, el 25 de enero de 1853, y fue inscrita bajo el nombre de María Elvira Juliana, pero usó siempre el nombre de pila de su madre, Eulalia Allende-Salazar Eguia, para honrar su memoria, puesto que murió 10 días después de darla a luz.

Se crió en el seno de una familia burguesa, bajo la tutela de una disciplinada nodriza en su residencia de las Siete Calles de Bilbao y, después, ingresó en el colegio del Sagrado Corazón de Jesús de Sarriá, en Barcelona. Se desconoce tanto los estudios que cursó como el tiempo que permaneció en aquella institución, debido a que los archivos del centro se destruyeron en la Guerra Civil.

A la edad de 19 años, se casa con  Juan Narciso de Olano y Picavea de Usaca y con el inicio de la II Guerra Carlista (1871) viaja a Liverpool. Tienen dos hijas y dos hijos que, por orden de nacimiento, fueron: María Carlota Victorina (Bilbao, 1872), Luis María Andrés (Gordexola, 1874), Luis María Javier (Greenwich, 1876) y Mª Concepción (Begoña, 1878).

Durante los siguientes años viajó de manera constante de Inglaterra a su ciudad natal, hasta que se instaló definitivamente en  la que fuera la Anteiglesia de Begoña, anexionada a Bilbao a partir de 1925, en el palacio del Pino, en la finca del mismo nombre, aunque se desconoce la fecha exacta de su regreso definitivo, que sería hacía el año 1879.

No obstante, y con el comienzo del siglo XX, siguiendo la moda del momento entre las élites, Eulalia tiene la oportunidad de embarcarse en una serie de viajes, por tierra y mar con destinos a otras ciudades de Europa y también surcando el Mediterráneo, visitando el Magreb y Palestina.

El 14 de Mayo de 1909 Eulalia Abaitua enviudó. Durante la Guerra Civil Española, con 83 años, abandona su casa de Begoña y baja a Bilbao, a un piso del edificio La Equitativa, en la Plaza de los Jardines de Albia. En 1941 trasladó su residencia a la calle Gran Vía 58. Dos años más tarde, el 16 de Septiembre de 1943, falleció con 90 años, y fue enterrada junto a su marido en el Campo Santo de Begoña.

 

La huella de Liverpool

 

Cuando preguntamos a Maite Garai, datadora, colaboradora del Museo Vasco de Bilbao y gran admiradora y conocedora de Eulalia Abaitua, sobre las influencias o referentes personales, o contextos o episodios trascendentales en su vida, que hubieran podido contribuir al desarrollo de la obra de esta pionera en su campo, nos advierte de la enorme falta de información. Que no deja de ser una  evidencia más de la invisibilidad sufrida por su condición de mujer en una sociedad marcadamente machista.

Eulalia ha sido una gran desconocida para el público en general. Sólo tras seis exposiciones sobre su obra, empieza a conocerse quién era”, insiste Maite, que señala algunas circunstancias de su vida que debieron tener una transcendencia fundamental en su creación fotográfica, como es su estancia en Liverpool, 33 años después de inventarse la fotografía, cuando Gran Bretaña estaba a la vanguardia de este avance.

Eulalia Abaitua vivió en una época marcada por un ritmo rápido de modernización e industrialización social, con enormes consecuencias en todos los ámbitos. En lo que a la fotografía se refiere, se podría decir que la vida de Eulalia discurre de forma casi paralela al nacimiento y desarrollo de la fotografía. En la década de los 70 del siglo XIX, precisamente en la localidad inglesa de Liverpool, donde ella afincó su residencia durante varios años, se comenzó a fabricar las primeras placas de gelatinobromuro sobre vidrio, y tuvo la oportunidad de tomar contacto con lo que terminaría siendo una de las pasiones de su vida.

Maite además añade “…intuyo que [también debió influir] un marido liberal y con posibilidades económicas”.

La fotografía era una técnica inédita que comenzaba en esos años a difundirse entre las élites y la procedencia acomodada de Eulalia le permitió acercarse y socializar con las personas apropiadas para profundizar en este arte, que de otro modo le hubiera sido vetado.

Eulalia  pertenecía a una familia burguesa, su abuelo había sido un “padre de provincias” y contaba con un patrimonio propio, conservado y aumentado a lo largo de su vida. Todo ello le garantizó una existencia acomodada y sin trabas económicas. Además, tuvo acceso a una buena educación y la oportunidad de realizar varios viajes a lo largo de su vida. Estas circunstancias, junto al hecho de haber residido durante un tiempo en Inglaterra, le pudieron servir como acicates que estimularan su curiosidad para afrontar retos o satisfacer sus inquietudes propias.

A comienzos del siglo XX la burguesía propugnaba los ideales tradicionales del ganador de pan para el hombre y de ama de casa para la mujer. No obstante, el arte de la fotografía, en sus comienzos, no presentaba estructuras rígidas dominadas por los hombres, como sí ocurría en otras disciplinas. En todo caso, requería de destreza, espontaneidad y dedicación, y puesto que Eulalia contaba con el beneplácito de su marido no tuvo que enfrentarse a todas las barreras habituales de la época para poder profundizar en su vocación, tan diferente a lo comúnmente establecido.

Esta coyuntura singular propició que el siglo XX fuera testigo del alumbramiento de excelentes fotógrafas. Las mujeres hallaron un espacio más libre y accesible donde desarrollar sus habilidades y así, poco antes de que Eulalia se iniciara en la técnica, lo hicieron otras como Anna Atkins, Jessica Piazzi Smyth, Julia Margaret Cameron, Lady Clementina Hawarden, Isabella L. Bird, Enma D. Sewall, Louise Deshong o Amelia López Cabrera.

Mientras Eulalia desarrollaba su labor fotográfica lo hicieron otras como Catherine W. B. Ward, Gertrude Käsebier, Amélie Galup, Isabella Croy-Dülmen, Edith Watson, Elizabeth Alice Austen, Alice Boughton, Eva Watson-Schütze, Teresa Amatller, Anne Wardrope (Nott) Brigman, Jenny de Vasson, Laura Adams Armer o Vanessa Bell.

Tras ella, la lista de mujeres se fue ampliando con más nombres: Mademe D’Ora, Doris Ulmann, Nora Dumas, Laura Gilpin, Carmen Gotarde i Camps, Lucia Moholy-Nagy, Dorothea Lange, Gertrude Fehr, Tina Modotti, Berenice Abbott, Ilse Bing, Elli Nelly, Margaret Bourke-White o Lee Miller.

Eso sí, Eulalia Abaitua, al igual que las anteriores, tuvo que compatibilizar su afición fotográfica con la discriminación existente en el ámbito de lo público (legal, político, educativo, económico). Es, sin duda, un ejemplo de mujer que escapó a algunas de las normas establecidas y desarrolló su talento con inteligencia. Supo utilizar sus obras además de como un arte en sí mismas, también como una vía de comunicación con su entorno, un instrumento de recopilación de información para el registro y la memoria de hechos que nos permiten hoy en día, la reconstrucción y el reencuentro con la propia autora, con su contexto, y su testimonio sobre nuestro pasado.

 

Experimentación en una época de cambios

La dinámica histórica desde la segunda mitad del siglo XIX en adelante vino marcada por un proceso generalizado de modernización e industrialización, también, en torno a la villa de Bilbao, lo que significó una ruptura con la sociedad tradicional y la configuración de una sociedad compleja y diversificada.

Eulalia Abaitua pudo sacar partido de esta modernización al profundizar en un arte al alcance de una minoría privilegiada en el País Vasco. No fue nunca considerada como una fotógrafa profesional, de hecho nunca recibió remuneración alguna -que se sepa- por su trabajo de gran calidad. A cambio logró una gran independencia de maniobra y espacio para la investigación, la inspiración, el análisis de su entorno y su desarrollo artístico.

La libertad que le daba no estar sujeta a ningún patrón favoreció que desarrollara su discurso fotográfico propio, retratando lo que más le interesaba, en el formato que creyera conveniente y en los plazos, momentos o circunstancias idóneas según su propio criterio, porque no tenía una clientela a la que contentar, ni un establecimiento con horarios de apertura y cierre. Así, experimentó logrando fotografías realmente originales, probando nuevos efectos y con cierto sentido del humor, como las fotografías de doble exposición, en la que su marido se prestó como modelo y en las que él aparece por duplicado quitándose el sombrero o dándose fuego así mismo.

En cualquier caso, durante este periodo de continua modernización, Eulalia pudo permitirse investigar y perfeccionar su estilo, a la par que la industria innovaba en nuevos sistemas de registro instantáneo de imágenes y cámaras portátiles.

Otra consecuencia del contexto de cambio social derivado de la modernización económica,  fue la transformación en la situación y condición de las mujeres de clase obrera a finales del siglo XIX y principios del XX, que aprovecharon intensamente todas las nuevas oportunidades que les brindaba la asalarización y mecanización del mundo industrial para “salir de sus hogares”. Este hecho tuvo una repercusión relevante en las temáticas escogidas por la autora para sus fotografías.

La burguesía bilbaína y las élites intelectuales, de las que Eulalia era parte, así como la clase política y la opinión pública en general defendían el ideal de una separación nítida de espacios público y privado asignados respectivamente a hombres y mujeres en base a sus capacidades “naturales”. La nueva imagen de las obreras realizando tareas muy alejadas del estereotipo femenino creaba una profunda inquietud e incluso alarma entre estos sectores influyentes. Esta conmoción de la alta sociedad suscitó la formulación de no pocas iniciativas dirigidas a reorganizar y reformar el cuerpo, la vida y la ocupación de las mujeres que se juzgaban en términos de subversión moral: “El alejamiento del hogar para asistir a las ocupaciones de la fábrica es en extremo fatal para la familia, para la especie y para la mujer misma.

No obstante, Abaitua supo estar por encima de estos convencionalismos de clase y aprovechó la coyuntura para dignificar, a través de su obra, el rechazo abierto por parte de las mujeres de clase obrera del País Vasco a los ideales impuestos por los grupos dominantes. De hecho, la presencia de las mujeres en los espacios públicos supuso la creación de una variedad de trabajos realizados por las mujeres de esa época en todos los ámbitos. Además de los más tradicionales que ya venían desempeñando, como la agricultura, la ganadería de los caseríos, las mujeres ahora se insertaban en los nuevos mercados urbanos, como el servicio doméstico o las actividades de compra venta, y participaban plenamente de las nuevas oportunidades que surgían en los talleres textiles (especialmente en relación a la industria del lino y de la lana), en la alimentación, en las nuevas fábricas papeleras, en las tabacaleras, en un sinfín de tareas, como planchadoras, costureras, cocineras, demandadas por las clases medias urbanas, así como el conjunto de actividades relacionadas con el asentamiento de los inmigrantes.

 

La reportera con polisón

 

Aquella época en que hacer fotografías requería de

un artefacto incómodo y caro -el juguete de los ingeniosos,

los ricos y los obsesos- parece, en efecto, muy remota a la de la era

de las elegantes cámaras de bolsillo que induce a todos a hacer fotos.”

Susan Sontag.

 

No resulta sencillo reconstruir y establecer las condiciones exactas y las fechas concretas en la que la autora realizaba su trabajo. Sí se sabe, que a partir de inicios del siglo XX la técnica que usaba y su material preferido eran las placas estereoscópicas de vidrio, tanto positivas como negativas, en formato 4,5cmx10,7cm y emulsiones de gelatinobromuro. En cambio situar imágenes de Abaitua con anterioridad a 1900 es, hoy por hoy, una labor complicada ya que las placas con otros formatos, que quizá pudieran ser anteriores, están todavía sin catalogar.

La técnica de las placas estereoscópicas requería de material muy específico: reveladores, fijadores, papel emulsionado, material virgen, etcétera, que Eulalia conseguía en algunos establecimientos especializados pioneros de la villa, como Casa Amado, del fotógrafo bilbaíno Amado Trinidad Ávila Asenjo, y otros reconocidos proveedores como la Casa Lux. En realidad, es a partir de 1900 cuando en Bilbao comienzan a aparecer estos establecimientos especializados. El primero, fue la Compañía General de Material Fotográfico, Torcida, García y Compañía, ubicada en la Gran Vía, que disponía de laboratorio, biblioteca propia e incluso un “mecánico y ebanista idóneo en reparaciones” y tenía en exclusiva la representación de varias firmas extranjeras.

El laboratorio y centro de trabajo de Eulalia se instaló en el sótano de su residencia, el palacio de Pino, en Begoña, y allí realizó también la ardua tarea de seleccionar y clasificar las cientos de instantáneas que capturó con su cámara entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX.  

En cuanto al proceso de fotografiado, propiamente dicho, la catalogadora e investigadora Maite Garai explica las dificultades logísticas que debió resolver Eulalia en la ejecución de su trabajo, dada la aparatosidad del equipo fotográfico y el no menos engorroso atuendo que las mujeres de la clase acomodada usaban. Maite manifiesta su admiración ante tales dificultades: “…tiene mucho mérito lo de esta mujer, yo no sé cómo haría con su falda de polisón…” y añade, referido a la precariedad de los medios de transporte de la época, “…posiblemente se trasladaría en coche de caballos y para llegar hasta el Valle de Arratia, de donde son muchas de sus fotografías, iría en tren, porque a partir del año 88, pusieron tren desde Portugalete”. Parece ser que contó siempre con la ayuda de una mujer, que le acompañaba en su labor, para el transporte de todo el equipo, y de hecho, aparece retratada en alguna de sus fotografías.

En cualquier caso, se las arregló para capturar una diversidad enorme de imágenes que, como dice la fotógrafa estadounidense Maggie Steber, documentan la historia. Abaitua fue una reportera gráfica que no desperdició ninguna oportunidad para atrapar imágenes antes de que naciera el reporterismo.

 

El legado de una fotógrafa ‘sin nombre’

 

“El resultado más importante del empeño fotográfico es darnos

la impresión de que podemos contener el mundo entero en la cabeza,

como una antología de imágenes”.  

Susan Sontag

 

El legado de Abaitua va más allá de las algo más de 2.500 fotografías que se conservan en el Museo Vasco de Bilbao. Por su carácter, iniciativa e inquietudes, es un ejemplo de mujer adelantada a su tiempo que intervino en su entorno cultural y social a través del lenguaje directo de la fotografía. Logró captar la sencillez de las gentes del pueblo, de personas humildes y de su entorno en su vivir cotidiano y en los tiempos de asueto.

El fotógrafo coetáneo Alberto Shommer, que estuvo presente en la primera exposición que el Museo Vasco de Bilbao organizó de la autora, opina de su obra: “Eulalia es un ojo sensible que ama a su pueblo y se dedica a interpretarlo. Por ello son sus temas las campesinas, lavanderas, sardineras, lecheras, hay maternidades y retratos. También tienen marinas, artes de pesca, tipos en las ferias, etcétera, no olvida las procesiones y fiestas. Esta mujer no busca el arte por el arte, ni tampoco el juego de luces o las composiciones rebuscadas, es una auténtica ‘reporter’, que ahora sería una gran fotógrafa de la Agencia Magnum. Eulalia Abaitua ha dejado una obra para la posteridad de una gran pureza morfológica y etnográfica incalculable. Su arte era componer con extrema naturalidad. No hay nada rebuscado.”

Sin embargo, su obra queda totalmente ignorada, silenciada e invisible ante la sociedad de su época. Por una parte, porque hasta 1904 no se utilizaban imágenes fotográficas en los diarios y, aunque posteriormente, a partir de 1911, una real orden del ministerio de Cultura obligó a hacer constar al pie de las reproducciones la autoría de las mismas, no fue un mandato muy respetado y con el paso del tiempo dejó en el anonimato miles de obras. Pero, por otra parte, su condición de mujer le desfavoreció para darse a conocer, puesto que si ya era difícil e inusual que el trabajo de una fotógrafa amateur de principios del siglo XX fuera mencionado en su época, de hecho, la mayoría de fotografías utilizadas para publicaciones atribuibles a Eulalia aparecían como anónimas. En los casos en los que se la menciona se hacía con referencia a su marido: “Sra. de Olano”, nunca con su nombre.

Como nos recuerda Maite Garai, Eulalia era una gran desconocida hasta que el Museo Vasco de Bilbao se hizo con su inmenso fondo y a partir de 1990 comenzó a exponer y difundir tanto su obra como la contribución de ésta en la reconstrucción objetiva de la realidad de su tiempo y su cultura.

Según detalla Maite Jiménez Ochoa de Alda, trabajadora e investigadora del Museo Vasco de Bilbao, autora del libro La fotógrafa Eulalia Abaitua (1853-1943), texto indispensable para conocer la vida y obra de la artista, el trabajo de esta fotógrafa  se puede clasificar en cuatro grandes apartados:

En primer lugar, la vida privada familiar, con fotografías intimistas de la familia Olano-Abaitua en su casa de Begoña. Las protagonizan su marido, sus hijas y, sobre todo, sus nietos y nietas, en todas las poses y edades. Son testimonio de cómo era la vida cotidiana dentro del entorno burgués y acomodado en el que vivía. Entre las personas que formaban parte de la vida privada de Eulalia Abaitua está todo el personal de servicio que trabajaba con ella: añas, niñeras, doncellas, jardineros, cocineras… Por el hogar de Eulalia pasaban todo tipo de personalidades relevantes de la sociedad bilbaína y vizcaína del momento y su proximidad física con la basílica de Begoña convertía a su casa en un punto de referencia para las más altas autoridades religiosas, tal y como reflejan las fotos tomadas por ella con motivo de la coronación de la Virgen de Begoña en 1900 o la declaración de Patrona de Bizkaia de 1903, en las que retrató a representantes de la curia pontificia y del poder político.

Por otra parte, documentó gráficamente sus viajes por Italia, Venecia, Marruecos, Lourdes, Málaga, Madrid, Isla de Creta, Palestina y Tierra Santa.

Los espacios urbanos de Bilbao, su ciudad natal, los retrató de muchas maneras. Así, hay imágenes de la Gran Vía con el pavimento lleno de flores, serpentinas y confetis, donde podemos ver un desfile de coches de caballos engalanados entre el público expectante; en el Arenal fotografió a los gigantes y cabezudos cerca del Gargantúa; en otras instantáneas aparece el muelle de Uribitarte atestado de barcos o el tranvía delante del edificio del Ayuntamiento; también la fachada del desaparecido Instituto Vizcaíno en la actual Plaza Miguel de Unamuno o el apacible paseo de Los Caños, unas veces como lugar de recreo, otras como el enclave de la ría al que acudían las lavanderas.

Otros lugares predilectos para sus tomas fotográficas: el valle de Arratia y la anteiglesia de Begoña, que entonces era un municipio independiente. Begoña, al fin y al cabo, era su entorno inmediato y conocía a sus gentes. A Tomasa y Brígida, que daban chocolate con bolado en la casa de la Novena; a la ponchera, que colocaba su puesto delante de la puerta del santuario; al escultor Bernabé de Garamendi, con quien hablaba de vez en cuando; a la lavandera Rosario Arabiourrutia, del caserío Boni; a los del chacolí Macharratia; a los sacerdotes de la basílica, Juan Cruz Unceta y su sobrino Bernardo Aztigarraga.

El último apartado al que se refiere Maite Jiménez Ochoa es el de los retratos de mujeres.

La imagen de la mujer en aquella sociedad marcadamente heteropatriarcal se ceñía al papel de joven casadera, madre, viuda o monja. Y, en esta línea, los estereotipos impuestos a la hora de retratar mujeres iban dirigidos a destacar su belleza, el recogimiento o la plenitud de su maternidad. Paralelamente a esa idealización, o visión masculina sobre el cuerpo de las mujeres, se comercializaban también retratos que satisfacían una demanda erótica del mercado y sus protagonistas eran mujeres en poses sugerentes con poca ropa o sin ella. Como asevera Irene Ballester: “La mirada masculina es la que ha objetualizado el cuerpo de las mujeres para su propio disfrute”.

Uno de los logros de Eulalia Abaitua es enfrentar precisamente esta perversa inclinación a la cosificación de las mujeres en todas las artes en general y en la fotografía en particular, para representar una imagen dignificada y realista de las mujeres retratadas. En sus fotografías se percibe la empatía y la comunicación que se respira entre las retratadas entre sí y entre éstas y la fotógrafa. Son el resultado de la complicidad y el entendimiento entre las protagonistas a ambos lados de la cámara.

La primera exposición que el Museo Vasco de Bilbao organizó sobre la obra de Eulalia fue justamente dedicada a las mujeres vascas. Esta institución declaró que extraía del “archivo Abaitua” esta temática como homenaje a la autora en su calidad de mujer. En ella se presentó su obra ordenada en diferentes categorías. Por un lado, las imágenes de mujeres, normalmente solas o en pareja, con planos de busto, frente, perfil o escorzo, cuya intencionalidad era resaltar las fisonomías y las variantes o similitudes culturales. Son fotografías de identidad, donde lo que busca es captar los rasgos de los rostros, su personalidad, su carácter, su existencia, y para ello explora rostros auténticos, de todas las edades y condiciones. Por otro, nos encontramos con las líneas femeninas de sagas familiares. Y el tercer y último grupo vendría acreditado por las fotografías de mujeres trabajando. La labor fotográfica pionera en este ámbito de Eulalia es fundamental para reconstruir el universo de las mujeres, clave en aquella sociedad en transformación: “Recoge con gran agudeza el mundo laboral de la mujer vasca”, en palabras de Pareja y Zarraga, a la que citan al documentar el mundo laboral femenino en Bizkaia. Sus fotografías recogen la labor de mujeres trabajando, sustentando lo doméstico o como asalariadas, en la ciudad, en la costa o en el campo. Cocinar, hilar, lavar, coser, descargar barcos de mercancías o de pescado, reparar redes, layar, segar… infinidad de quehaceres que nos hablan del duro esfuerzo cotidiano donde, también, algunas veces, se dibujan sonrisas y hasta se pueden intuir cantos.

Un triunfo de los mandatos de la sociedad tradicional fue la marcada segregación en función del sexo que persistió a pesar de la importante evolución social de la época. Esta circunstancia, no obstante, contribuyó a que Eulalia pudiera llevar a cabo este cuantioso número de fotografías con mujeres como protagonistas y dejar evidencia de la situación de éstas, su entorno y sus luchas cotidianas, un legado indispensable para reconstruir en imágenes la sociedad, costumbres y realidad de las mujeres de la época, olvidadas en la mayor parte de los registros gráficos elaborados por hombres.

En la actualidad la figura de Eulalia sigue siendo insuficientemente recordada. Son raras las ocasiones en las que se encuentra alguna referencia a su obra o legado fotográfico y cultural.

En la publicación de Josu Bilbao Fullondo Fotografía y fotógrafos en el País Vasco (Bilbao, Librería San Antonio, 2002), se menciona a Eulalia Abaitua bajo el epígrafe “La primera fotógrafa. También aparece en la publicación J.M. Sánchez Vigil Del daguerrotipo a la instamatic. Autores, tendencias, instituciones (Astuiras, Trea, 2007), quien la califica como “Fotógrafa aficionada española”. El Dr. Kristy Hooper de la Universidad de Liberpool, dentro del singular proyecto Spain’s women intellectuals, 1890-1920, hace mención a Eulalia Abaitua como “pioneering Basque photographer”. Y más recientemente ha sido objeto de algunos reportajes periodísticos como el de Itsaso Álvarez en 2013 para el Correo (“Las fotos de Eulalia A.”) o el de Leire Euskiza en 2016 para el Deia (“Eulalia Abaitua: la retratista del alma vasca”), entre otras.

Eulalia Abaitua también ha sido infravalorada en su representación y reconocimiento público como persona ilustre. Si bien, algunas localidades del estado español han incorporado en su callejero el  nombre de Eulalia Abaitua, su propia villa natal, Bilbao, perpetúa la deuda que tiene pendiente con ella. Recién en diciembre de 2010 se puso su nombre a un callejón en el barrio de Txurdinaga, tan recóndito y oculto como, injustamente, se pretende relegar la memoria y mérito de la propia Eulalia Abaitua.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

– Brancas Escartin, Martas. “Guía de mujeres de Bilbao 700 años de historia/Bilboko emakumeen gida 700 urteko historia”. Área de Empleo, Mujer y Medio Ambiente. Ayuntamiento de Bilbao. 1998.

– Jiménez Ochoa, Maite. “Eulalia Abaiuta (1853-1843)”. BBK

– Torres Ripa, Carmen. “Mujeres vizcainas”. BBK

 

http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/riev/56/56741762.pdf

http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-146(022).htm

http://www.euskonews.com/0190zbk/gaia19001es.html