Matilde Zapata Borrego

“Una simple obrera de la pluma”

Matilde Zapata Borrego nace en Sevilla el 30 de noviembre de 1906. Su madre, Carmen Borrego Vázquez, era de Badajoz. Su padre, Adolfo Zapata Mezquita, de Zamora. Tras pasar un tiempo en Toledo (ahí nace Antonio, su hermano pequeño, en 1911), la familia se desplaza a Santander hacia 1917, donde su padre viene destinado como conserje en la Escuela de Náutica. Luego, fue sereno de una céntrica calle santanderina.

Esta periodista, activista política y adelantada a su tiempo debió navegar por lecturas diversas que forjaron su carácter autodidacta. En sus columnas se citan personalidades como el doctor Gregorio Marañón, poetas como Rubén Darío, los hermanos Machado o Juana Inés de la Cruz. Escritores como Cervantes, Schopenhauer o Tolstoi, Blasco Ibáñez, Valdés o Valera. También aparecen nombres de mujeres, como Aspasia, Olimpia o Minerva. Reseña un par de libros de Manuel Llano: La Braña, “un libro para el pueblo”, y Rabel. Poco más sabemos; el resto no serían más que conjeturas.

Su primera aparición en público debió ser en 1926, con 19 años. Matilde recita dos poemas de Jesús Cancio (Brindis al Ateneo y Mi ceguera) en el Ateneo Popular de Santander, presidido entonces por Manuel Llano.

El 26 de abril de 1932, con 25 años, realiza su primera intervención política pública en Santoña, junto al diputado socialista Bruno Alonso y al profesor Pedro Díez Pérez (director de la escuela Normal de Magisterio), en una excursión de las Juventudes Socialistas a esa localidad. El 27 de mayo del mismo año publica su primer artículo en La Región (Orfeón socialista Pablo Iglesias). Lo firma como “Matilde Zapata, del Grupo femenino [socialista]”. El coro nace en la Casa del Pueblo (en la santanderina calle Magallanes, 6) y, su propósito, además de difundir “las preciosísimas canciones que cantaban los primeros militantes del Partido Socialista español” [La Internacional socialista, etcétera], es “cultivar el folklore de la Montaña y ensayar algunas zarzuelas de nuestro teatro para luego representarlas”. Está integrado “por jóvenes socialistas de uno y otro sexo”. Y sus directivos son: Manuel Zárate (presidente), Ramón Pérez (secretario), Jacinto Obregón (tesorero), y Paquita Valiente y José Cruz Higuera (vocales).

El 9 de junio publica el segundo artículo, titulado La mujer en acción. Cuenta cómo Hildegart Rodríguez [Madrid, 1914-1933] funda en la Casa del Pueblo de Santander un grupo femenino ligado a la Juventud Socialista. Frente a la opinión de algunos congresistas de que la mujer esté apartada en sus propias agrupaciones (liceos o ateneos), Matilde defiende que “para la mujer trabajadora, la mejor escuela es la que está en la brecha de las cuestiones sociales… al lado del hombre, en la Casa del Pueblo”.

El tercero, el 23 de junio (Jardines de la Infancia), habla de la Casa [Provincial] de Maternidad, “construida de nueva planta sobre la Inclusa vieja, gracias a la generosidad de la marquesa de Pelayo…” [en el Alta, hoy Avenida General Dávila]. “En Santander existe un jardín para la infancia desvalida, un refugio para niños que tiene todo lo que el niño puede necesitar… salas, ventiladas e higiénicas…, comedores con unas mesas enanas, con arreglo a la estatura de los comensales, adornadas de flores y manteles de alegres colores, donde campean unos minúsculos platos pintados con motivos infantiles… El ropero es algo encantador… La comida trasciende a comida sana y nutritiva…”. Y termina diciendo “…lo necesario que es… que nos ocupemos todos de que los niños, la generación de mañana, no lleven en su alma la amargura de sentirse desamparados y nos puedan culpar de muchos de sus defectos”.

La preocupación por los niños será una constante en sus escritos hasta el final (uno de los últimos, ya en 1937, en plena Guerra Civil, es el titulado Los niños y la sirena, en el que hace referencia al estado mental de la infancia santanderina producto de los bombardeos y el miedo (“Los niños, que deben reír hasta cuando están dormidos, tienen quebrada la risa en el aire…saben que cuando tocan las sirenas es que viene después la muerte…”).

 

Corazón, de Edmondo De Amicis: primer contacto con la injusticia social

Lo cuenta, en 1934, en la columna titulada Los presos y los niños de la Escuela Laica de Magallanes (La Región, 27 de noviembre de 1934).

“…De niñas, cuando íbamos en Toledo… a la escuela graduada…, leíamos frente al ventanal escolástico… un libro, que era como un estuche del sentimiento. Corazón [1886], de De Amicis, el Pentateuco de la vida sentimental. Nobleza. Solidaridad. Bondad. Exaltación del amor patrio. Amor universal entre todos los hombres… Leíamos a la hora de hacer labor… Corazón, de De Amicis, nos iniciaba en la hermosa doctrina del desprendimiento. Garrón, el simpático Garrón, nos enseñaba a defender al débil, al pobre, al albañilito pretuberculoso a quien el atlético Garrón llevaba naranjas; el muchacho florentino nos enseñaba amor a los padres…el pobre niño fumigador a los doce años, nos hacía conmover ante la injusticia social…”.

El 18 de noviembre de 1932, constituye en Santander el Grupo Infantil Socialista junto con Eduardo Camons (presidente de la Juventud Socialista), con un Cuadro Artístico Infantil con el que actuarán en diferentes lugares de la región (Nueva Montaña, Camargo…).

Su presidente es, con doce años, Eulalio Ferrer, que estudia en la Escuela Laica de Aurelio Herreros situada en la calle Magallanes 21, cerca de la Casa del Pueblo (Magallanes, 6). Él la recuerda así en Páginas del exilio (Aguilar, México, 1999): “[Matilde]…Me trató siempre con extremado amor. Viajé a su lado por algunos pueblos montañeses, aprendiendo a hablar en público. Era como la madrina del Grupo Infantil Socialista…”.

“Nuestro norte en la vida es el niño”- escribe el 6 de septiembre de 1933 (Algo que debe conocer todo el que ame a los niños). De la visita a las colonias del Hipódromo [de Bellavista], colonias de intercambio con niños de Soria, Ávila y Segovia,  saca como conclusión que estas deben ampliarse y que se debe invertir porque los beneficios son enormes. Además de salud, “una fraternidad entre niños montañeses y forasteros…una fraternidad que no saldrá nunca de las famosas Conferencia internacionales” [La Haya, Versalles, Ginebra], donde los hombres “se disputan sus tratados comerciales con egoísmo fratricida: todo para mi país, todo para el interés personalista…”.

Reincide al día siguiente con/en otra columna, Más sobre las colonias escolares, en la que se refiere a la colonia local que sufraga el Ayuntamiento de Santander. Tras detallar en qué consiste un día en la colonia (gimnasia sueca,  lecciones, cantos regionales, lectura en la biblioteca, trato social, baños de mar y comida abundante y variada -“muchos niños, por desgracia, no conocían ni de vista” algunas de las viandas-, resalta algunas deficiencias: “Los dormitorios… hay que modificarlos: necesitan más ventilación y más altura de techo…Otra cosa es la carencia de agua…el depósito es insuficiente; además, para beber, sabe mal”. Y explica que, cuando el hipódromo funcionaba como tal, se tiraba una cañería desde el faro “donde existe un manantial bastante rico, y se captaba agua para limpieza de caballerizas y caballos”. Y finaliza: “Estúdiese la posibilidad de llevar agua corriente para el año que viene…Las colonias del Hipódromo se han de intensificar”.

De los niños vuelve a hablar en otro artículo el 10 de julio de 1934, titulado Los amigos del niño y las excursiones escolares. “Sus primeros amigos son los maestros nuevos, de esta nueva República…Y luego, los otros maestros, los pedagogos ‘amateur?, que componen la Sociedad de Amigos del Niño y la Educación Popular. Con gran satisfacción, vemos los periódicos locales profusamente engalanados con sendas fotografías de escolares rurales que vienen a la ciudad, porque ello significa amor al niño y a la cultura…”.

Y a la generosidad de los niños vuelve a referirse el 15 de diciembre de 1934 (Por los niños [de los presos y condenados]. Manolita Vayas) cuando explica cómo estos han contribuido a la suscripción iniciada por Izquierda Republicana para recaudar fondos con destino a los niños que “pasan hambre por hallarse sus padres condenados a largos años de prisión, y otros, en espera de ser juzgados”. “Muchos han sacrificado sus perras chicas de juguetes, cuentos y dulzainas… Los niños de la Escuela Laica de la calle de San Roque… así como los alumnos de don Aurelio Herreros, director de la Escuela de la calle Magallanes… y un grupo de chiquillos de la calle Madrid… cuyas madres cargan carbón en el muelle…”.

Matilde, vibrante

Matilde era por aquella época vicepresidenta de las Juventudes Socialistas. El domingo 12 de septiembre de 1934 participa en un mitin con Bruno Alonso y Eulalio Ferrer Rodríguez en la localidad minera de Barruelo de Santullán, en Palencia. “Buena oradora, su pluma era suelta y vibrante… Escribía con una letra grande y espaciosa, que necesitaba muchas cuartillas…”, recuerda Eulalio Ferrer.

Así, “vibrante”, la califica también el asturiano José María de la Torre (‘Julio Vicente’ cuando escribía) en El muchacho inédito (Mercurio, México D.F., 10 de diciembre de 1949). “… el diminuto Luciano Malumbres [n. 1890, en Palencia. Llega a Santander en 1916] y su esposa, la vibrante Matilde Zapata… eran propietarios y directores [del diario La región]. Todo a la vez…”.

En febrero de 1933, Orestes Cendrero Curiel había traspasado a Luciano Malumbres Francés la propiedad del diario La Región. El subtítulo del periódico irá cambiando por meses: de “Diario de la tarde de las izquierdas” (en enero de 1933) pasa a llamarse “Diario demócrata de la tarde” (en mayo, 1933) y “Periódico de clase” (en octubre, 1933).

Logros en el ámbito de la cultura crítica

En el libro de Ramón Viadero Las páginas femeninas de Matilde Zapata se hace una selección de 50 de los más de 200 artículos publicados por ella en La Región entre el 27 de mayo de 1932 (Orfeón socialista Pablo Iglesias) y el 1 de junio de 1937 (¿Por qué soy comunista?).

En ellos, pone de manifiesto contradicciones, hipocresías e incongruencias de la sociedad de la época, y apela a la reflexión, la compensación y  la lógica.

“ [el empréstito] lo han de pagar los contribuyentes; los mismos que han pagado carreras de caballos, y regatas internacionales, que en nada te beneficiaban… Aquello, dicen ellos, es de interés general. ¿Fuiste tú a las carreras alguna vez, mujer proletaria? ¿Y a las regatas? Tampoco…”, llama así a votar a la mujer del obrero en febrero de 1934.

Afea a la Junta de damas defensoras del Asilo de la Caridad que pidan “en una nota ñona, empalagosa y, sobre todo…, despreciativa para el ser que ha de ir a comer al Asilo de la Caridad…”, “ropas viejas”. “¿No les sería más fácil, señoras damas, privarse ustedes de tanto lujo, de tanto automóvil y dar prendas nuevas a los pobres…?”.

Hablando de, con y sobre mujeres…

El papel de las mujeres en la sociedad y sus derechos políticos

En distintas columnas habla o se dirige a la mujer trabajadora: las cargueras del muelle, las pescaderas de la lonja, las obreras de Santoña, las modistas santanderinas… Describe su situación en las “Estampas” y apela a su voto ante un referéndum o unas elecciones próximas. Las incita a reclamar sus derechos o a solidarizarse con los de sus compañeros: “¡Obrera, a por el empréstito…!”. “¡Solidaridad, obreras de Santoña!”. Sea un seguro de accidente para los pescadores o unos sueldos dignos con los que poder comprar “siquiera palometa”. “¡Deja de ser muñeca para ser mujer!”, exhorta a las modistillas santanderinas, incidiendo en que no olviden sus orígenes: que son obreras y pertenecen a la clase trabajadora por más que se compongan unos trapillos aparentes  y las alaben en coplas y zarzuelas.

Retrato de Matilde de la Torre, “un ejemplo vivo de ciudadanía”

Relatando La excursión artística de Voces Cántabras a Madrid, en diciembre de 1932, la califica como “la mujer más interesante que ha dado La Montaña”. Y termina el artículo, diciendo: “Esto [el homenaje que le hacen las mujeres de la Asociación de Educación Cívica de la Mujer -donde realizan una audición-, a la que pertenecen ‘mujeres tan ilustres como María Martínez Sierra y Pura Ucelay,…mujeres intelectuales, músicas, compositoras y literatas…’], le valdrá a nuestra ilustre paisana para seguir adelante, no haciendo caso de los agudos guijarros que la quieren poner en su camino gentes que, ciegas, ansían eclipsar una lumbrera que, pese a quien pese, brillará en el hemisferio del arte y las letras, como estrella de primera magnitud”.  

“Un poco poeta, un mucho música y un todo completo…”- la describe en 1933 (“Mujeres de España: Matilde de la Torre”). La bautiza como “La Alonsa Quijano de las ideas puras…La Teresa de Cepeda…de las Casas Campesinas”. “Conferenciante, música, investigadora notable, poeta, luchadora encarnizada por y para la justicia…”. “Vigorosidad de pensamiento, fuerza de voluntad, tozudez…habla con claridad cristalina…”, cita como  sus mejores cualidades.

Se refiere a ella en otras columnas: en una, no firmada, sobre Una conferencia de Matilde de la  Torre en el teatro de la Casa del Pueblo, en Santander, con motivo de la “Semana de Agitación Femenina” (febrero de 1933), la tilda de “infatigable luchadora socialista” y habla de ella como “la calumniada y escarnecida luchadora”. Termina: “Cuando oigo calumniar a una persona, digo: ¿Cuántas verdades habrá dicho?”.

“Recados” a Gregorio Martínez Sierra y a Víctor de la Serna y Espina

A Gregorio Martínez Sierra, que ha hecho un comentario en La Región de Orense sobre “las mujeres pobres que trabajan para ganar la vida”, exhortándolas a que “canten mientras trabajen”, en junio de 1933, le responde: “No mande usted cantar a la pobre mujer obrera española: está muy triste; tiene toda clase de hambres insaciadas. Debe usted dirigir su limpia prosa a los otros, a los “pobres ricos”…En ellos está el secreto del reír de la mujer obrera: que no acaparen ellos todas las cosas placenteras, que abran más la mano…”.

“Mi prosa es dura; no tiene las sonoridades de tu estilo…”- le dice desde su columna a Víctor de la Serna y Espina, en 1933.

Otros temas sociales

La Junta de Damas y la  Justicia social

En 1935 (el 6 de diciembre), encabeza la columna La divina caridad. Junta de damas, con una cita del sacerdote ‘Juan García Morales’ [pseudónimo de Hugo Moreno López, Almería, 1883- Libourne, Francia, 1946] en su libro “Hipócritas, farsantes, fariseos”: “Si no fabricarais pobres, no tendríais necesidad de fundar asilos”, que ya es bastante explícita de lo que va a tratar.

Cita apellidos de estas “damas aristocráticas montañesas”, de nombre “Saráchaga, Pombo, Mendicouague”, y les afea: “…si la clase a que pertenecéis hubiera sido más justa, más equitativa, MÁS CRISTIANA… Pero en lo social…, vosotros no existiríais como clase superior; y, naturalmente, no tendríais que tomaros ahora el terrible trabajo de andar pidiendo para esos a los que llamáis con lágrimas en los ojos ‘infelices desheredados de la fortuna’ y ‘desgraciados’, y unas cuantas cosas más que terminan en ‘ados’. Yo añado unos ‘ados’ más: resignados, explotados, maltratados…”.

Meditación ante una muñeca de 0´95 [ctmos.] Los antecedentes del “Comercio justo”

En enero de 1934, coincidiendo con el Día de Reyes, escribe una columna con una reflexión sobre la muñeca de 0´95 céntimos que han comprado en el periódico para obsequiar a una niña huérfana (la pensión que le ha quedado a su madre, de 2´50 pesetas, y otros tres hermanos a los que alimentar, no permiten a la familia un gasto que se les hace enorme): “Es imposible que sin pagar el trabajo, la mano de obra, en precio de almoneda, se pudiera formar, por 0´95, una muñeca tan perfecta y tan bien vestida”. Y sigue: “Esta muñeca significa la ‘serie’ agotadora donde el obrero fabrica en tropel piezas de automóvil, zapatos, chalecos y todo lo que supone la comodidad del hombre civilizado. Supone, las ceramistas de Valencia, y La Cartuja, y Talavera, que pintan muchas horas por escaso jornal… mientras las obreras van dejando la vista en las ánforas árabes o en los talleres de deshilachados en Lagartera… La muñeca de 0´95 simboliza que aún se gana una peseta por ocho horas, de jornal. Que una obrera ha tenido que cortar miles y miles de diminutos equipos; ha de haber pintado miles y miles de boquitas rojas, y ojos negros, garzos, azules, con pestañas a lo Pola Negri, para que le den unas pesetas semanales”. Y es lo mismo en la compra de prendas confeccionadas: “Por hacer una chaqueta de mahón, noventa y cinco céntimos; por un calzoncillo, un real; por una trinchera de tres telas, tres pesetas… La señora puede comprar barato prendas hechas gracias a las interminables horas de vela en que la obrera está incrustada en la máquina…”. Y termina: “Nos duele esta muñeca de 0´95… porque vemos el taller donde la obra muñequera se consume en el inmenso osario que es la sala de trabajo…”. Y, sin embargo, a pesar de su amargura, ha de reconocer (“Nosotros [los del periódico] somos pobres”) que “Si no hubiera muñecas de 0´95, no habría niñas huérfanas que sonrieran…”.

El mundo del circo y las condiciones de trabajo

De las condiciones de trabajo habló en “La última pirueta de Yuki-naito”, en septiembre de 1933. En este caso, refiriéndose a la joven artista (20 años) que cae en el Circo Price de Madrid, “por entretener al público con proezas…por ganar unos duros…”. Sin seguridad, con riesgo.

Según ella, hay que hacer mucho más: “Se ha perseguido la trata de blancas; unas juntas integradas por mujeres han impedido que sea más extensa la prostitución; pues bien, esas sociedades que defienden a la mujer y al niño debían encaminarse a impedir que las mujeres distiendan sus miembros bárbaramente, destrocen su aparato reproductor en la violencia de los ejercicios, y algo más: que estas mujeres trabajen en el circo en condiciones que todos hemos podido apreciar: en situación que esperaban un nuevo ser…”.

Y siguen de actualidad, casi 100 años después

Los toros…

En la columna “Las señoritas toreras, el toreo bufo y la España mejor”, de febrero de 1935, aprovecha las palabras del ministro de la Gobernación, el señor Vaquero, para distinguir entre “lo urgente y lo importante”. Al ministro, le parece “impropio de un régimen que ha venido para hacer una España mejor”, el “espectáculo de unas mujeres hambrientas” (también dice “o megalómanas…”), que “arrastran por esos ruedos el pelele de su indigencia”.

Y le contesta…: “Por los barrios de Madrid, calle del Amparo, Lavapiés, calle de Toledo… por allí, sí arrastran las mujeres el pelele de su indigencia. Son las alquiladoras de caricias que tienen hambre. Por la Puerta del Sol, por Alcalá, arrastran otras mujeres el pelele de su indigencia, pidiendo limosna con un niño de la mano… Esas son las que debe salvar la República que vino a hacer una España mejor… España será mejor cuando en los quicios de las puertas no mueran mujeres de hambre y de frío, cuando no mendiguen, cuando no se prostituyan… porque habrá acabado con la injusticia”.

Hay que distinguir lo fundamental de lo trivial o circunstancial: “Lo de las señoritas toreras es una futesa… Las señoritas toreras no desacreditan a España ante el extranjero… Y conste que no admiramos a las hijas de La Reverte [María Salomé, una mujer torera que debuta en 1888], las disculpamos nada más. Lo que no disculpamos es lo otro, lo que debe ver el ministro y debe remediar la República”, termina.

Antes, al comienzo, ha dejado traslucir su opinión sobre las semejanzas entre el “toreo bufo” y las corridas de toros clásicas. “El toreo bufo donde un pobre becerrete es víctima del mil herejías, las mismas que hemos visto cometer por toreros de cartel en nuestras corridas de abono. Ocho, diez pinchazos, catorce, catorce descabellos después de haber destrozado los varilargueros al pobre bicho a puyas barrenadas…hemos visto cometer atrocidades  a los de los trajes  de luces, tan denigrantes como las que califica el señor Vaquero y que se ejecutan en las charlotadas. Por lo que sería preferible que se suprimiera  toda clase de toreo si se quiere evitar lo que titula el señor Vaquero ‘indigno de una sociedad civilizada’”.

El crimen pasional. La violencia de género

El 6 de octubre de 1932, a raíz de un asesinato, escribe Matilde Zapata sobre “El crimen pasional”. “…Doctores tan ilustres como Marañón han estudiado el crimen pasional y lo han despojado de todo el romanticismo, de toda la elevación de miras con que el pueblo ha querido justificar lo injustificable y lo han quedado [dejado] en lo que es. En muchos casos, una costumbre racial del pueblo español absorbente con tendencia a hacerse amar a la fuerza… El crimen pasional es el producto neto, no de la fogosidad exclusivamente y el temperamento de los españoles, de  la afectividad de sus exaltados movimientos atléticos, sino de una deficiente educación sexual, de educación de sentimiento y educación de pensamiento… Eduquemos al pueblo. Eduquémosle en el aspecto sexual… sin rubores idiotas… Quitemos de nuestra flora literaria ese fárrago de héroes vengadores que llenan nuestras novelas, nuestro teatro… Quitemos de las canciones y de los romances los personajes de navaja y vitriolo… Eduquemos al pueblo…con los elementos que da la nueva sociología eminentemente humanista…”.

Feminismo. El doctor Madrazo, “soñador de la paz mundial”

Vehemente admiradora del Dr. Madrazo (“soñador de la paz mundial y del triunfo de la sociología, llevada por manos de mujer”) le dedica el artículo titulado Femeninas el 29 de septiembre de 1932.

Una visita a su casa, y sus palabras, le servirá para reflexionar y casi desplegar un manifiesto a la manera de Gioconda Belli en El país de las mujeres, 80 años más tarde. “¡Paso a la mujer!… Fracasado el hombre en sus deseos imperialistas e inhumanos, fracasada la sociología que ellos han querido imponer por medios distintos a los del amor, la justicia y la belleza, debe ser noble – ya que no ha sido justo-, y dejar paso a la Fémina, que con sus suaves manos de madre de la Humanidad, no consentirá nunca que los hombres, sus hijos, se maten estérilmente en luchas de egoísmos. Ella, quitará de la política lo nocivo y servil”. Y aclara que “la mujer, por interesarse en las cosas sociales y políticas, no pierde su feminidad”. “Los hombres han fracasado en su política y su sociología” – le ha dicho don Enrique-. “¡¡Paso a la mujer!!”.

El 3 de marzo de 1934, en contestación a un artículo firmado por un tal José Alonso en El Cantábrico (La paloma para el nido), “un trabajo antifeminista rabioso y una elegía cantada a la mujer apegada a la rueca, a la “paloma del nido”, escribe la columna titulada Para un antifeminista.

En ella, le aclara: “…está en un error crasísimo al creer que la mujer ha perdido feminidad al meterse a política y revolucionaria. El lanzarse la mujer a la conquista de sus derechos políticos, lo ha hecho no por deseo de exhibicionismo, ni siquiera por vanidad… Ha querido imprimir feminidad, sentimiento femenino, a todo el conjunto que forma la vida en su aspecto  político-económico-social. Espectadora sempiterna de la construcción social hecha por el hombre de todos los tiempos; fatigada de llorar las leyes, se ha sentido con fortaleza suficiente…, con capacidad bastante, no para sustituir al hombre, sino para ayudar al hombre…”.

En cuanto a otra afirmación suya, acerca de que el paro se produce por la “intromisión” de las mujeres en el mercado laboral, le matiza: “La intromisión de las mujeres… en los bancos, oficinas, ministerios y comercios, ha hecho cosas tan ‘atroces’ como disminuir los matrimonios de conveniencia… o la prostitución”.

Y termina: “Consuélese el articulista: hay palomas. Lo que es, es que ya vuelan muy alto y no las alcanzan los palomos ladrones. Además, recuerde a la poetisa [sor Juana Inés de la Cruz, en el famoso poema que comienza: ‘Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón…]: Amadlas cual las hacéis – o hacedlas cual las amáis…’”.

El 15 de abril de 1937, en plena Guerra Civil, en uno de sus últimos artículos, titulado Nosotras, conmina a sus compañeros hombres a respetarlas: “¡Respetadlas, ciudadanos! No veáis en ellas un competidor…”. Son las mujeres que van “a  enrolarse a la guerra en la retaguardia”, a aprender en los talleres y en las fábricas. “Con nuestro auxilio se ganará la guerra, y sin él se perderá”.

Antes, hace un repaso de frases expresadas por “hombres célebres” no muy halagüeñas para las mujeres, y de retratos realizados por escritores: “Ese tipo de mujer de pandereta, de claustro, de palacio real, de cortijo cordobés”; les reprocha que “ninguno supo extraer de nuestras mujeres ni una Aspasia, ni una Olimpia”. Pero hoy, “Minerva [la inteligencia] ha ganado a Ceres [la madre nutricia]… Ha nacido ya la mujer moderna”.

Actos de concienciación y propaganda

Actos organizados por el Grupo Femenino Socialista

Las conferencias son variadas y abarcan diferentes temas de actualidad; tratan sobre: religión, el paro obrero, la evolución política de la mujer, la ley del divorcio, la nueva escuela, la sexualidad o la tuberculosis pulmonar.

Los ponentes, son médicos, maestros, políticos…Antonio Sandoval, Pedro de Castro, Antonio  Tomé;  Pedro Díez, Jesús Revaque, Lorenzo Gascón; Bruno Alonso, Matilde de la Torre, Eduardo Camons…

Participación en mítines de propaganda

Entre 1932 y 1936, Matilde Zapata acompaña a distintos oradores por la geografía de la región, hoy comunidad autónoma: La Albericia, Campuzano, El Astillero, Guarnizo, Liaño, Sarón, Liérganes, Los Corrales de Buelna, San Felices, Nueva Montaña, Santoña, Torrelavega, Solares, Santander, Peñacastillo, Escalante, Cieza, Valle de Camargo o Ruerrero. E incluso de la cercana Palencia (Guardo y Barruelo de Santullán).

En unos casos serán conferencias; en otros, actos socialistas y, a veces, inauguraciones (una Casa del Pueblo, la creación de un Grupo Infantil Socialista…).

Sus acompañantes más habituales: Bruno Alonso, Pedro Díez Pérez, Eulalio Ferrer, Francisco Noreña, José Benito y Juan Ruiz Olazarán. Mujeres, cuatro: aparte de ella, Matilde de la Torre, Josefina Granados y María Las(s)o.

Su muerte

En el expediente procesal de la prisión provincial de Santander no consta el motivo de su muerte (está en blanco el espacio dedicado a ello), pero el 14 de junio de 1937 había hablado por los micrófonos de Radio Santander y, el 1 de junio, una de sus últimas columnas en La Región se titulaba ¿Por qué soy comunista?

Por la carta que escribe a su abogado defensor en el Consejo de Guerra, Joaquín Escajedo Navedo, sabemos que le atribuían haber escrito una serie de artículos (que ella dice no ser suyos), así como que le acusaban de “repartir armas en el Ayuntamiento” o “subir al cuartel a hacer salir a las tropas”. Ella dice estar enferma en esos momentos y que lo pueden atestiguar personas con nombre y apellidos (el doctor Santiuste y Víctor Salvador, trabajador de La Naval). Se despide como “una persona que practica determinado credo político, pero que no ha cometido ningún acto que pueda avergonzar a ninguna conciencia honrada”.

Matilde Zapata es fusilada en el cementerio de Ciriego el 28 de mayo de 1938. Su nombre consta –desde 2001- en una lápida negra junto a otros 827 nombres, bajo el epígrafe “A los héroes de la República y la libertad”.

Su  epitafio, quizá hubiera sido: “Una simple obrera de la pluma”…

Herencia

Su sobrina, Mª del Carmen Zapata Vitorero (1939-2016), “la hija de los comunistas”

Cuenta para el fondo oral depositado en la sede del Consejo de la Mujer de Cantabria (Archivo Mujeres de Cantabria. Memoria Viva. 2008) lo siguiente: “[Hacia 1971] Yo vendía en la Plaza de la Esperanza el Mundo Obrero [periódico comunista]… fui la que más Mundo Obrero vendí en toda la provincia de Santander… la paloma [enlace con Francia] venía directamente a mi casa… traía el cliché y tenía la multicopista… escondida en otra casa de mi propiedad… iba a llevárselos a Torrelavega y Reinosa… cuando nos detuvieron a mi marido, [Veridiano Rojo Herrero, guardia municipal] que era militante como yo, le juzgaron como dirigente… nos levantaron hasta las almohadas… nos habían rodeado la casa… también nos deshicieron la tienda [tenían una tienda de comestibles]… y los niños [cuatro], tuvo que venir una cuñada… yo estuve en la cárcel dos meses [en 1971], no llegó, y mi marido cuatro años y dieciséis días”.  (Mª del Carmen Zapata Vitorero (n. 1939, + 2016), hija de Antonio Zapata Borrego, hermano de Matilde Zapata, 1911-1981. Antonio tuvo 3 hijos: Mª Carmen, Liberto Antonio y Matilde).

Para el mismo archivo, relata que a su hermano le llevaron a Potes cuando su padre [Antonio] entró en la cárcel, en 1939. “Allí se crió hasta los 14 años…”. Su madre, Cuca (Mª Eugenia) Vitorero, muere en 1947, cuando Carmen tiene 9 años. “A mi hermana Matilde la metieron en un convento, Los Ángeles Custodios, porque andaba con un chavalín que a mi tía (abuela) no le gustaba nada”. Ella tuvo su primer hijo antes de casarse, con 16 años. “He tenido una vida muy dura”, contaba.

De su tía, Matilde Zapata, recuerda ir con su tía abuela a Ciriego. “Debajo de esa palmera, está tu tía Matilde…”, le decía. Será su marido el que le explique, más tarde. “Se quedaron con máquinas y todo de mi tía…[la imprenta] no sabemos dónde está… Me he ido enterando después…”. (El hermano menor de Matilde, Antonio -su padre-, administrativo en La región, quiso recuperar las máquinas, pero fue imposible).

Aunque reconoce entrar en el mundo de la política por su padre, 26 años encarcelado, quizá le haya sobrevolado el espíritu de su tía: “Hoy me hablan muy bien…: ‘Esa sí que era un mujer…’”. Me dicen que era como Dolores Ibárruri…”. Ella se ve como “una gran luchadora”, y a sus nietas les desea “que sean activas políticamente”. “Tienen que concienciarse…”, decía en 2008.

Su hermana Matilde, que en 2016 vive en Bilbao y que dice no haber tenido nunca problemas por llevar el mismo nombre y apellido de su tía, me cuenta por teléfono lo que hoy sabe de ella: “Que era una periodista muy buena, casada con Luciano Malumbres y que dirigían juntos un periódico, La Región…”.

“Mi hermana valdría para ser oradora…”, dice Maricarmen en su historia de vida.

Mª del Carmen Zapata Vitorero, + 28 febrero 2016, a los 77 años, en La Puebla de Montalbán (Toledo) [cenizas trasladadas a Cisneros de Campos, en Palencia], ya viuda de Veridiano Rojo Herrero. Hijos (4): Juan Luis Rojo Zapata,  Francisco Javier Rojo Zapata, Veridiano Rojo Zapata y Andrés Rojo Zapata.